Tras el asesinato del oficial, Jan permanece en la estación de policía de San Calixto, incapaz de entender que su 'padre' no volverá.

Noticias Colombia.

La historia de Jan, un perro fiel que pertenecía al subteniente Anderson Yassing Gómez Posada, refleja una de las tantas tragedias silenciosas que deja el conflicto armado en Colombia.

Jan, quien acompañaba al oficial desde sus días en la Escuela de Cadetes de la Policía, sigue esperando el regreso de su 'padre' en la estación de policía de San Calixto, Norte de Santander. Pero ese día nunca llegará.

El subteniente Gómez Posada fue brutalmente asesinado el pasado martes, cuando francotiradores del Ejército de Liberación Nacional (ELN) lo atacaron mientras cumplía con su deber.

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Recibió varios impactos de bala, y aunque fue trasladado a un hospital, las heridas fueron mortales. Su pérdida dejó un vacío no solo en su familia y compañeros, sino también en su inseparable compañero canino, Jan.

Los colegas del oficial describen a Jan como más que una simple mascota: era un miembro de la estación, una constante presencia que aportaba alegría en medio de la rutina policial.

Desde que llegó junto a Gómez Posada, Jan se convirtió en parte integral del grupo, mostrando siempre su lealtad al subteniente, quien lo trataba como su propio hijo.

El dolor de Jan

La muerte del oficial ha dejado a Jan devastado. Desde el fatídico día en que su dueño no volvió a la estación, el perro ha permanecido en la cama que compartía con él, esperando pacientemente.

Los agentes que aún permanecen en la estación cuentan que Jan se niega a comer, su mirada triste y su cuerpo abatido por el duelo evidente. Llora en silencio, como si comprendiera que algo terrible ha ocurrido, pero sin la capacidad de asimilar que su 'papá' no regresará.

Este acto silencioso de lealtad ha conmovido profundamente a los compañeros del subteniente, quienes reconocen en Jan el testimonio vivo del impacto devastador de la violencia en este país.

"Es desgarrador ver cómo Jan sigue esperando", comenta uno de los oficiales. "Era su sombra, su amigo, su hijo. Verlo así, tan roto, es como volver a sentir la pérdida de nuestro compañero una y otra vez".

El futuro de Jan es incierto. Algunos oficiales han comenzado a organizarse para encontrarle un hogar digno, consciente de que Gómez Posada habría querido que su fiel compañero tuviera el mejor destino posible. No obstante, para Jan, el mundo se ha vuelto un lugar vacío, una existencia marcada por la espera eterna.

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