El mandatario cuestionó que fusiles de otro gobierno custodiaran la sede presidencial y aseguró que Colombia ya trabaja en el desarrollo de su propia arma.

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En medio de la ceremonia de ascensos de 15.971 policías, realizada en la Plaza de Armas de la Casa de Nariño, el presidente Gustavo Petro hizo una revelación que generó inquietud: aseguró que la mayor parte de las armas que protegían el Palacio eran de propiedad de Estados Unidos y que debieron ser devueltas por orden de ese país.

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El mandatario explicó que fue notificado mediante una carta en la que exigían la devolución del armamento. “Todas las armas que cuidaban el palacio, todas no, la mayor parte de las armas que cuidaban el Palacio de Nariño, 150 en total, más o menos fusiles, casi todas, incluido el antidrón –lo cuento, a veces no duermo aquí, muchas veces–, eran propiedad del gobierno de los Estados Unidos”, declaró.

Petro recalcó que, ante la salida de este armamento, decidió que el Batallón Guardia Presidencial retomara su papel histórico de custodiar el Palacio de Nariño. En tono firme, agregó: “Hay que tener dignidad, toda, hasta la última. No las necesitamos”.

El presidente también mencionó que Colombia está trabajando en su propio fusil, diseñado y producido por la Industria Militar de Colombia (Indumil), con el cual se busca independencia en materia de defensa.

El nuevo fusil colombiano

El fusil al que se refirió Petro es un desarrollo que ya fue presentado por Indumil y que busca reemplazar al Galil ACE actualmente en uso. De acuerdo con las especificaciones, este nuevo armamento será más ligero, tendrá mayor resistencia en condiciones extremas, un diseño modular y la posibilidad de integrar accesorios como miras ópticas, linternas y designadores láser.

De acuerdo con el Ministerio de Defensa, el 85 % de sus componentes ya son de fabricación nacional y la meta es llegar al 100 % en los próximos años. Según los planes, la transición comenzará en 2026 y tardará cerca de cinco años, con una capacidad proyectada de producir 80.000 fusiles anuales para sustituir progresivamente los 400.000 en uso por la Fuerza Pública.

El presidente adelantó que el nuevo fusil no solo fortalecerá la defensa del país, sino que también abrirá la puerta a exportaciones: “Van a observar que, en unos años, buena parte del presupuesto del Ministerio de Defensa sale por exportaciones de fusiles al mundo. Yo le puse un nombre, pero dejo libertad de que escojan ustedes el que quieran. Que suene a Colombia”.

Con estas palabras, Petro dejó en claro que su apuesta no se limita a reemplazar armas extranjeras por nacionales, sino a transformar la industria militar en un motor económico y estratégico para el país.

El trasfondo de esta revelación va más allá de un discurso: toca la soberanía en la seguridad del Estado. Petro afirmó que “las armas no eran de nosotros y me parece un acto indigno el haber estado cuidándonos aquí con armas de otro gobierno, del gobierno de Estados Unidos”. Incluso fue más allá al asegurar que el mensaje implícito que recibió fue: “No nos importa si lo matan”.

Con un tono desafiante y personal, cerró: “Ya veré cómo me defiendo. He logrado vivir 65 años bien vividos, muy intensos, chéveres, me gusta mi vida”.

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