Miles de migrantes que partieron hace meses hacia EE.UU. ahora están regresando tras no poder cruzar la frontera debido a las políticas migratorias de Donald Trump. Su destino no era quedarse en México ni en Centroamérica, pero la dura realidad los obligó a volver.

Noticias Colombia.

La migración ha tomado un giro inesperado. Cientos de migrantes que alguna vez partieron con sueños desde Necocli, para llegar a Estados Unidos, ahora vuelven con más peso en su alma que en su cuerpo.

Cada día, dos o tres embarcaciones traen de vuelta a aquellos que, tras intentar cruzar el Darién y enfrentar innumerables dificultades, deciden dar marcha atrás

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Desde la Selva del Darién hasta el Golfo de Urabá, la ruta de retorno es igual o más difícil que la ida. Sin ayuda ni recursos, enfrentan grupos ilegales, bloqueos migratorios y el alto costo del viaje.

En Necoclí, donde hace un año partían 26.000 personas al mes, ahora solo llegan entre 100 y 200 migrantes en tránsito.

Muchos de estos migrantes, en su mayoría venezolanos, no quieren regresar a Venezuela por la crisis política y económica. Prefieren volver a países como Chile, Perú, Colombia y Ecuador, donde ya habían reconstruido su vida antes de intentar el sueño americano.

Testimonios

Uno de esos rostros es el de Michel Eduardo, un venezolano que abandonó su país con la esperanza de encontrar una vida mejor. Después de ocho meses en la frontera de México, lidiando con el hambre, el frío y las falsas promesas de un futuro en los Estados Unidos, Michel se vio obligado a regresar.

Su historia es solo una más en un mar de testimonios de quienes, como él, soñaron con llegar al norte y hoy deben enfrentar la realidad de que su lucha, por ahora, ha terminado.

“Al empezar mi retorno fue complicado”, dice Michel. “Había muchas opciones saturadas, como los vuelos humanitarios, pero por falta de dinero y tiempo decidimos regresar por nuestra propia cuenta”.

Su viaje de regreso no estuvo exento de dificultades. Desde Guatemala hasta Honduras, donde enfrentó problemas con la migración, hasta Panamá, donde la situación se complicó aún más.

En cada país, los migrantes como Michel se encuentran con un muro de obstáculos: restricciones, documentos y un sinnúmero de trámites burocráticos que les impiden regresar de manera sencilla.

Riesgos, frustración y otros destinos

El regreso no es menos peligroso que la ida. En su trayecto, los migrantes enfrentan el doble de riesgos: el cansancio, las enfermedades, las estafas y la constante persecución por parte de las autoridades.

En muchos casos, los coyotes, responsables de guiar a los migrantes por rutas “seguras”, los presionan para que paguen por servicios que nunca cumplen. Algunos incluso han quedado varados en altamar o han sufrido accidentes debido a la falta de seguridad en las embarcaciones, como es el caso de quienes viajaron de Panamá hacia Capurganá, donde las fuertes olas casi les cuestan la vida.

Para Michel, el regreso significó no solo la frustración de no haber alcanzado su objetivo, sino también el reconocimiento de que su futuro está nuevamente en manos de un país donde ya había dejado su huella: Perú.

“Mi objetivo ahora es empezar de nuevo en Perú, donde tengo mi residencia y puedo encontrar trabajo”, explica. A pesar de los desafíos, la idea de empezar de cero es lo único que le queda.

egún las autoridades locales, un número constante de migrantes está retornando a diario, con cifras que oscilan entre 20 y 30 personas por día. Aunque el municipio no ha registrado grandes aglomeraciones de migrantes, la situación sigue siendo preocupante.

Tragedia en alta Mar

Un ciudadano más en calidad de migrante reportó cuánto le costo el viaje desde Panamá a Capurgana, y en el recorido una lamentable tragedia empaño la salida "Nos cobraron 175 dólares para llevarnos hasta el Pueblo La miel, Panama" Mientras navegamos sobre las 7 de la noche, la lancha se apagó y vino una ola y nos volteó"

"Efectivamente, hemos evidenciado en los últimos días una población migrante que está retornando, que llega al municipio y que continúa su tránsito a los puntos de frontera.

Por fortuna, para nuestro municipio no están siendo represadas o aglomeradas en el territorio, sino que, como lo señalé, siguen su tránsito. En cuanto a cifras, recientemente conocimos datos de 20 personas, 30 personas diarias que se acercan a la Cruz Roja, les dan alguna información y continúan su recorrido hasta la terminal de transporte." Señalan las autoridades de Neclocli

Desesperanza sigue

El drama de la migración no se limita a quienes buscan una nueva vida en el norte. Es un fenómeno global que refleja la violencia, la miseria y las políticas excluyentes que empujan a miles de personas a abandonar sus hogares en busca de un futuro mejor.

En este contexto, Necoclí se convierte en un punto de paso, un lugar de tránsito donde los sueños se desvanecen y las promesas no se cumplen.

El regreso no es solo una travesía física, sino un recordatorio de que a veces el camino hacia un futuro mejor se pierde en el laberinto de la burocracia, las promesas rotas y las adversidades insuperables.

Y mientras tanto, la vida continúa en Necoclí, un pequeño pueblo que, aunque ya no ve tantas caravanas de migrantes, sigue siendo testigo de una tragedia silenciosa.

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