La iniciativa busca reducir diagnósticos tardíos y acercar a las poblaciones vulnerables al sistema de salud.
Noticias Colombia.
En Colombia, el VIH sigue siendo un desafío de salud pública que no da tregua. Cada año, miles de personas reciben un diagnóstico que, en muchos casos, llega demasiado tarde. Solo en el último periodo reportado, se registraron más de 14.000 nuevos casos, mientras que una proporción significativa de personas vive con el virus sin saberlo.
Más preocupante aún es que la mayoría de diagnósticos ocurre en etapas avanzadas de la infección, lo que reduce las posibilidades de tratamiento oportuno y aumenta los riesgos para la salud. Este panorama ha evidenciado una falla estructural: no basta con hablar de prevención, es necesario transformar la forma en que las personas acceden a la información, a las pruebas y al sistema de salud.
“Hágale!”: una estrategia que cambia el lenguaje de la prevención
En este contexto surge “Hágale! El placer del cuidado”, una iniciativa impulsada por Profamilia y el Mecanismo Coordinador de País (MCP), con financiación del Fondo Mundial. El programa, que se desarrollará durante los próximos tres años, busca fortalecer la respuesta nacional frente al VIH desde un enfoque innovador.
La apuesta rompe con el modelo tradicional basado en el miedo. En lugar de advertencias centradas en el riesgo, la estrategia propone hablar de placer, bienestar y decisiones informadas. La idea es simple pero poderosa: cuando las personas se sienten libres de estigmas, es más probable que accedan a pruebas, se informen y adopten prácticas de autocuidado.
Del estigma al bienestar: un cambio necesario
Durante décadas, el VIH ha estado rodeado de prejuicios que han dificultado su abordaje. El estigma no solo afecta la salud mental de quienes viven con el virus, sino que también retrasa diagnósticos y limita el acceso a servicios médicos.
“Hágale!” busca transformar esa realidad promoviendo una conversación más abierta sobre la sexualidad. El enfoque reconoce que el cuidado no debe estar ligado al miedo, sino al derecho de las personas a vivir su vida sexual con información, seguridad y bienestar.
Este cambio de narrativa también responde a una evidencia clara: las campañas tradicionales no han sido suficientes para frenar el diagnóstico tardío ni para cerrar las brechas de acceso en poblaciones vulnerables.
Acciones concretas: prevención, diagnóstico y acceso
Más allá del discurso, la estrategia incluye acciones específicas que buscan generar impacto real:
Entrega de más de 800.000 kits de prevención con preservativos y lubricantes Realización de más de 700.000 pruebas duales de VIH y sífilis Promoción de herramientas como la PrEP (profilaxis preexposición) y la PEP (postexposición) Atención y vinculación rápida al sistema de salud tras el diagnóstico Programas de reducción de riesgos para personas que se inyectan drogas Fortalecimiento del trabajo comunitario y el liderazgo local
Estas medidas apuntan a un objetivo central: reducir los diagnósticos tardíos y mejorar la calidad de vida de quienes viven con el virus.
Un enfoque centrado en poblaciones clave
La estrategia tendrá presencia en al menos 14 ciudades del país y estará dirigida especialmente a comunidades que históricamente han enfrentado barreras para acceder a servicios de salud.
Entre ellas se encuentran:
Hombres que tienen sexo con hombres Personas trans Trabajadores sexuales Migrantes en condición irregular Personas que usan drogas inyectables
El énfasis en estas poblaciones responde a una realidad: son quienes concentran mayores niveles de vulnerabilidad, no solo frente al virus, sino también frente al sistema de salud.
Comunidad y tecnología: claves para el éxito
Uno de los pilares de “Hágale!” es el fortalecimiento del trabajo comunitario. Las organizaciones de base no solo participarán en la implementación, sino también en el diseño y seguimiento de las acciones.
Además, la estrategia contempla el desarrollo de herramientas digitales que permitan acceder a información confiable, resolver dudas y facilitar la toma de decisiones informadas.
Este enfoque colaborativo coincide con las recomendaciones nacionales e internacionales que insisten en la necesidad de integrar a las comunidades en la respuesta al VIH para lograr resultados sostenibles.