Su vida ha estado marcada por el asesinato de su padre, su hermano y su esposo, pero ahora lucha contra una nueva polémica que cuestiona su libertad en las redes sociales.
Noticias Colombia.
La historia de Marienela Cabrera Mosquera parece un retrato de la violencia y la resiliencia en Colombia. A sus 47 años, esta jueza del Caquetá, madre de tres hijos, no solo ha tenido que enfrentar la dureza de los tribunales, sino también la crudeza de la guerra que le arrebató a su padre, a su hermano y a su esposo. Hoy, cuando parecía haber logrado rehacer su vida personal y profesional, vuelve a ser el centro de una tormenta, esta vez no por las balas del conflicto armado, sino por sus publicaciones en redes sociales.
Una vida marcada por la violencia
El pasado de Cabrera está atravesado por las heridas abiertas del conflicto colombiano. Su padre fue asesinado por la guerrilla de las FARC, dejando a su madre sin sustento y a su familia en medio del desarraigo. Años después, su hermano fue reclutado y también perdió la vida, otra víctima de una guerra que parecía no tener fin.
Cuando apenas empezaba a construir un hogar, la tragedia volvió a golpearla: su esposo, un oficial del Ejército, fue asesinado. Ella quedó con una hija de seis meses en brazos y una vida que debía reconstruirse desde los fragmentos. Estos episodios forjaron una fortaleza que, según ha contado, la acompañan en cada paso de su carrera y también en la forma en que afronta las nuevas controversias.
La jueza en el ojo del huracán
Hoy, Marienela Cabrera enfrenta un proceso disciplinario que ha encendido un debate nacional. La Comisión Nacional de Disciplina Judicial recibió quejas en su contra por los videos que comparte en TikTok, donde aparece bailando o siguiendo tendencias. Los denunciantes la acusan de usar su tiempo de trabajo y los escenarios de su juzgado para grabar, además de considerar “sugestivo” el contenido, lo que —según ellos— afectaría la imagen de la Rama Judicial.
Cabrera, sin embargo, ha sido clara en su defensa: asegura que todas las grabaciones se realizan en el estudio de su casa, fuera del horario laboral, y que jamás ha utilizado espacios oficiales para su “hobby”. Asegura, además, que las acusaciones en su contra son un reflejo de prejuicios moralistas y machistas que buscan juzgar su vida personal más que su desempeño como jueza.
“Perdí el miedo”
Lejos de replegarse ante la polémica, la jueza ha convertido su caso en un altavoz para hablar de libertad, dignidad y derechos. En videos que también han circulado ampliamente, Cabrera responde a los señalamientos con firmeza: “Perdí todo miedo el día que tuve la valentía de sobreponerme a las consecuencias de la violencia que he vivido”, expresó, recordando que ya sobrevivió a lo peor que puede enfrentar un ser humano: la pérdida de su familia a causa de la guerra.
En otro mensaje, dejó claro que no se someterá a silencios impuestos: “A mí ningún hombre me va a violentar bajo la comodidad de mi silencio. Lo mío no es un caso aislado, es un patrón que se repite contra las mujeres. Y yo no voy a encajar en moldes machistas”.
Más allá de un “hobby”
La controversia ha destapado un debate más profundo en la opinión pública: ¿hasta dónde llega la vida privada de los jueces y funcionarios? ¿Puede una jueza bailar en TikTok sin que eso afecte la solemnidad de su cargo? Para algunos, la disciplina y la imagen institucional deben estar por encima de lo personal. Para otros, Cabrera encarna un ejemplo de cómo la sociedad colombiana aún juzga con mayor dureza a las mujeres que deciden mostrarse libres en espacios públicos.
Mientras tanto, el proceso disciplinario sigue en curso, con solicitudes que incluso han buscado revisar su celular personal, medida a la que ella se ha negado por considerar que vulnera su intimidad.
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