Un insulto, un disparo y un caos político que dejó muertos y heridos en medio de una histórica sesión parlamentaria.

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El 8 de septiembre de 1949 quedará grabado en la memoria de Colombia como una de las jornadas más oscuras en la historia de su democracia. En el recinto de la Cámara de Representantes, lo que debía ser un acalorado debate político se transformó en un violento enfrentamiento armado que dejó dos muertos, varios heridos y una profunda cicatriz en el sistema parlamentario del país.

El contexto político: una nación dividida

A finales de los años 40, Colombia vivía una de las épocas más turbulentas de su historia. La violencia bipartidista entre liberales y conservadores había escalado hasta niveles alarmantes, especialmente tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948.

En este clima tenso, el Partido Liberal impulsó un proyecto de ley para adelantar las elecciones presidenciales como medida para frenar la violencia.

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El 7 de septiembre de 1949, ya entrada la medianoche, los ánimos estaban caldeados en el Congreso. La sesión, presidida por un joven Julio César Turbay Ayala, se reanudó a las 12:05 de la madrugada.

Con licor presente en el recinto, como era permitido en la época, y tras provocaciones verbales que desbordaron las pasiones políticas, el ambiente se tornó explosivo.

Un insulto fatal: de las palabras a las balas

El representante conservador Carlos del Castillo Isaza subió a la tribuna en medio de la sesión y lanzó una provocación directa a sus opositores liberales, instándolos a interpelarlo "con el tono varonil que caracteriza a los hombres de Boyacá".

Fue entonces cuando el liberal Gustavo Jiménez Jiménez, un político joven y brillante de Sogamoso, aceptó el desafío.

La discusión verbal escaló rápidamente. Jiménez cuestionó la legitimidad del apellido de del Castillo, afirmando que su verdadera denominación era "Castillo Saza", un comentario que atacaba las raíces familiares del conservador.

La respuesta fue contundente: "Yo soy hijo legítimo, y usted no lo es. ¡Reaccione, reaccione!" Ante esta afrenta, Jiménez respondió con un insulto aún más grave: "Miente, malnacido".

Lo siguiente fue un caos. Del Castillo sacó un arma y disparó a Jiménez, hiriéndolo mortalmente en el cuello. Los representantes, tanto liberales como conservadores, rompieron el protocolo y desenfundaron pistolas, desatando una balacera en pleno recinto.

Más de 50 disparos resonaron en el Capitolio Nacional, dejando además al jurista Jorge Soto del Corral gravemente herido, quien fallecería días después.

El testimonio de un sobreviviente

Víctor Mosquera Chaux, parlamentario presente en el momento, relató con detalle los acontecimientos al periódico Acción Liberal. Según su versión, el enfrentamiento fue un reflejo de la profunda polarización del país.

Aunque del Castillo fue señalado inicialmente como el responsable directo de la muerte de Jiménez, Mosquera afirmó que las heridas fatales pudieron haber sido causadas por otra arma durante la confusión.

Nunca se identificó con certeza al autor del disparo que le quitó la vida al joven liberal.

El legado de Gustavo Jiménez

Gustavo Jiménez Jiménez, nacido en Sogamoso el 5 de mayo de 1919, era abogado de la Universidad Nacional y una promesa para el Partido Liberal.

Su carrera incluyó roles como concejal, diputado y representante a la Cámara. Su muerte prematura truncó una trayectoria prometedora en un momento en el que el país necesitaba líderes capaces de unir a una nación dividida.

En su homenaje póstumo, Jorge Uribe Márquez expresó: "Cuando los hombres sobresalen por sus virtudes, su inteligencia y su carácter, no es justo que el destino los sacrifique de manera tan cruel", recordaron medios nacionales.