El avance del crimen organizado en el mar ecuatoriano ha transformado la pesca en una actividad peligrosa, marcada por violencia, extorsiones y disputas por el control territorial.

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Un ataque armado ocurrido en abril de 2023 en la costa de Esmeraldas, que dejó nueve pescadores asesinados, marcó un punto de inflexión en la seguridad del sector pesquero en Ecuador y evidenció la expansión del crimen organizado hacia el mar.

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Las investigaciones posteriores determinaron que el hecho estuvo relacionado con disputas entre estructuras criminales por el control de extorsiones en la zona. Desde entonces, el panorama para quienes dependen de la pesca ha cambiado de forma drástica, en medio de un aumento de la violencia y la presencia de economías ilegales en aguas ecuatorianas.

Presión internacional y pesca ilegal

A casi dos años del ataque, expertos y organizaciones coinciden en que la actividad pesquera enfrenta múltiples amenazas. A la inseguridad se suma la presión de flotas extranjeras que operan cerca de la Zona Económica Exclusiva de las Islas Galápagos, donde se ha registrado la presencia constante de entre 280 y 300 embarcaciones, en su mayoría asociadas a la flota china.

Analistas advierten que esta situación no solo plantea tensiones diplomáticas, sino también riesgos ambientales. “La pesca ilegal y no regulada impacta directamente la biodiversidad y compromete la sostenibilidad de los recursos marinos”, señalan informes internacionales, que alertan sobre afectaciones a especies como el tiburón martillo.

En paralelo, autoridades y centros de investigación han identificado el uso de embarcaciones pesqueras para actividades ilícitas, como el transporte de droga y combustible. Según denuncias de organizaciones locales, algunos pescadores artesanales son obligados a colaborar con estas redes bajo amenazas.

El impacto del crimen organizado en el mar ecuatoriano y la crisis del sector pesquero

Más de 28.000 pescadores artesanales dependen de esta actividad en Ecuador, pero para muchos, salir a faenar se ha convertido en una labor de alto riesgo. En provincias como Manabí, Esmeraldas y Santa Elena, trabajadores del sector denuncian el cobro de extorsiones conocidas como “vacunas”.

“Si no pagamos, no podemos trabajar o nos exponemos a ataques”, afirmó un dirigente pesquero, reflejando una situación que, según testimonios, se repite en distintas comunidades costeras.

Cifras de organizaciones del sector indican que en los últimos cinco años más de 160 pescadores han desaparecido, en muchos casos en hechos violentos ocurridos cerca de la costa. Para expertos en seguridad, estos patrones responden a estrategias de control territorial por parte de grupos criminales.

“El mar dejó de ser un espacio neutral y ahora es un territorio en disputa donde confluyen economías legales e ilegales”, advierten análisis especializados sobre la región.

El impacto no se limita al ámbito económico. La pesca artesanal representa el sustento de miles de familias, por lo que el deterioro de la seguridad afecta directamente derechos fundamentales. “No se trata solo de trabajar, sino de hacerlo en condiciones seguras y dignas”, señalan informes sobre comunidades pesqueras.

Debilidad del Estado en zonas marítimas

La limitada presencia estatal en zonas marítimas ha sido identificada como uno de los factores que agravan la situación, dejando a los pescadores en desventaja frente a organizaciones con capacidad armada y logística.

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Especialistas coinciden en que lo que ocurre en Ecuador responde a un fenómeno más amplio de debilitamiento del control territorial, que se extiende desde las fronteras terrestres hasta los espacios marítimos.

“El reto no es únicamente enfrentar a las estructuras criminales, sino recuperar la capacidad del Estado para garantizar derechos básicos”, explicó un analista consultado.

En este escenario, el mar ecuatoriano se consolida como un nuevo foco de disputa donde convergen intereses internacionales, actividades ilegales y la lucha diaria de miles de pescadores por sobrevivir.

En ese contexto, el mar ecuatoriano se ha convertido en un nuevo frente de disputa donde convergen intereses internacionales, economías ilegales y la lucha diaria de miles de pescadores por mantener su sustento.

En este video le contamos por qué pescar se ha convertido en una actividad de alto riesgo.