En Colombia, la sopa no es solo un plato; es una tradición que humea en las cocinas familiares, una medicina ancestral para el alma y una excusa para reunirse alrededor del calor.

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Con ingredientes que cambian según el clima, la región y la cultura local, existe una variedad de Sopas en Colombia, que son una muestra culinaria de lo que significa ser colombiano. Aquí te presentamos seis sopas que no solo alimentan el cuerpo, sino que también cuentan historias.

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Ajiaco: el alma de Bogotá en un plato

En las frías y neblinosas alturas de la capital colombiana, nada reconforta más que un buen plato de ajiaco santafereño. Esta sopa es un homenaje a la papa: lleva tres variedades (criolla, pastusa y sabanera), que junto con pollo desmechado, mazorca, guascas (una hierba aromática esencial) y alcaparras, crean una mezcla cremosa, intensa y reconfortante. Se sirve con crema de leche, arroz y aguacate, y suele ocupar un lugar de honor en celebraciones y almuerzos dominicales.

Dato curioso: el ajiaco tiene orígenes prehispánicos, y con el tiempo se fusionó con ingredientes traídos por los españoles, como la crema y el pollo.

Sancocho: una sopa que une a todo el país

No hay un solo sancocho en Colombia, sino muchos: el sancocho valluno, el costeño, el paisa, el santandereano… Cada región le imprime su sello. Esta sopa espesa y abundante se cocina lentamente con yuca, plátano verde, papa, mazorca, cilantro y alguna proteína: pollo, carne de res, pescado o cerdo, según la zona. Es el plato estrella en reuniones familiares y fines de semana, y se disfruta mejor al aire libre, en olla al carbón.

Tip local: en la Costa Caribe, el sancocho de pescado es infaltable en Semana Santa; en Antioquia, el de gallina es rey en las fondas.

Caldo de costilla: el antídoto colombiano por excelencia

¿Resaca? ¿Frío intenso? ¿Madrugada difícil? El caldo de costilla es la respuesta. Esta sopa sencilla y poderosa se prepara con costilla de res cocida lentamente con papa, cebolla, ajo y cilantro. Se sirve bien caliente, a menudo con arroz blanco y tajadas de aguacate. Es una de las comidas más tradicionales en las madrugadas de Bogotá y otras ciudades andinas.

Curiosidad: en muchas ciudades, es común encontrarlo en puestos callejeros abiertos toda la noche, especialmente cerca de discotecas o zonas de rumba.

Mondongo: una sopa con carácter y sabor profundo

El mondongo es una sopa robusta, no apta para los comensales tímidos. Se elabora con callos de res (tripa), cocidos por horas junto con papa, zanahoria, arvejas, ajo, cebolla, condimentos y, en algunas versiones, arroz. Su sabor es intenso, especiado y muy colombiano. Es popular en Medellín, Cartagena, Bucaramanga y otras ciudades.

Dato cultural: muchas familias lo preparan como plato especial de domingo o para celebraciones tradicionales.

Caldo de pajarilla: una joya desconocida de la cocina criolla

Entre los caldos más tradicionales —y menos conocidos fuera del país— está el caldo de pajarilla. Se prepara con intestinos delgados de cerdo, cocidos junto a yuca, papa, plátano verde, ajo, cebolla y especias como comino. El resultado es una sopa fuerte, nutritiva y con sabores profundos que evocan el campo colombiano.

Tip de tradición: muchas personas lo consideran revitalizante, ideal para climas fríos o como reconstituyente después de una jornada dura de trabajo.

Changua:

Pocas sopas son tan debatidas como la changua. Adorada por unos y temida por otros, esta curiosa mezcla de leche, agua, huevo escalfado, cilantro y pan, es típica del altiplano cundiboyacense. Se sirve como desayuno y es especialmente valorada por su sencillez y capacidad para calentar el cuerpo desde dentro.