La autopsia, los mensajes y los autos judiciales revelan un historial de omisiones en el caso del menor.
Noticias Internacionales.
La muerte de Lucas, un niño de cuatro años, no fue un hecho repentino ni aislado. Así lo sostienen los primeros elementos de la investigación judicial, que describen un escenario de violencia prolongada, silencios reiterados y decisiones adultas que dejaron al menor completamente desprotegido. Su cuerpo fue encontrado en un antiguo búnker de Garrucha, en Almería, horas después de que se denunciara su desaparición.
La autopsia confirmó lo que los investigadores temían: Lucas murió a causa de un derrame abdominal provocado por fuertes golpes. Además, el informe forense reveló signos de agresión sexual y lesiones anteriores, compatibles con maltrato habitual. Para la Guardia Civil, estos hallazgos no solo explican la causa de la muerte, sino que refuerzan la hipótesis de que el niño llevaba tiempo siendo víctima de violencia.
El principal acusado es Juan David, pareja sentimental de la madre del menor, quien presuntamente lo agredía cuando quedaba a su cuidado. Sin embargo, el foco de la investigación no se limita a él. Los autos judiciales que ordenaron la prisión provisional sin fianza señalan que la madre tenía conocimiento de los malos tratos y, aun así, permitió que continuaran.
Mensajes de texto, audios y testimonios recogidos durante la instrucción apuntan a que ella sabía que su hijo era golpeado. Pese a ello, no activó mecanismos de protección ni denunció los hechos. Para los investigadores, este silencio fue determinante y convirtió la omisión en una forma de responsabilidad.
El día del crimen, tras la agresión mortal, ambos adultos habrían trasladado el cuerpo del niño hasta un búnker abandonado para ocultarlo. La escena, reconstruida por la Guardia Civil, evidencia no solo la gravedad del delito, sino la voluntad de encubrir lo ocurrido. El hallazgo del cadáver confirmó el desenlace más trágico de una búsqueda que movilizó a vecinos y autoridades.
El caso permanece bajo secreto de sumario, pero ha generado una fuerte conmoción social. La familia materna del menor se ha personado como acusación particular y ha denunciado lo que considera un fracaso en la protección de Lucas. Su muerte ha reabierto el debate sobre el papel de los adultos que, aun sin ejercer la violencia directa, permiten que esta continúe.