Deudas ajenas, embargo salarial y una lucha diaria por sostener a su familia.

Noticias Cali.

Liliana jamás imaginó que firmar como fiadora de una compañera de trabajo, a quien consideraba una buena amiga, marcaría el inicio de uno de los momentos más difíciles de su vida. Actuó desde la confianza y el deseo de ayudar, sin prever las consecuencias legales, económicas y emocionales que vendrían después.

La tragedia que desató una cadena de problemas

Meses después de haber asumido ese compromiso, su compañera tomó la drástica decisión de acabar con su vida. El impacto emocional fue profundo, pero junto al dolor llegó una realidad aún más compleja: varias deudas con prestamistas quedaron pendientes y Liliana figuraba como fiadora. Desde entonces, le ha tocado responder por obligaciones que no contrajo ni utilizó.

Durante cerca de diez meses, su salario fue embargado por una cooperativa, que descontaba casi la mitad de su sueldo quincenal. Aunque logró salir de ese embargo, las deudas siguen vigentes y muchas alternativas legales se le han cerrado por falta de recursos. La única salida viable, asegura, sería contar con asesoría jurídica, algo que hoy no puede costear.

Liliana no es la única afectada. Otros compañeros de trabajo y hasta un adulto mayor también quedaron atrapados en esta misma situación, enfrentando deudas que se originaron en decisiones ajenas. Un problema que se extendió como una cadena y dejó a varias personas respondiendo por compromisos que no les pertenecían.

Accidentes, pérdidas y una vida en pausa

En medio del estrés y la incertidumbre, Liliana sufrió varios accidentes en motocicleta en un corto periodo de tiempo. A esto se sumó el hurto de su moto, una herramienta clave para su movilidad y trabajo. Aunque logró adquirir otra a crédito, hoy enfrenta dificultades para pagar las cuotas, el arriendo y los gastos básicos de alimentación.

La situación se agrava con la enfermedad grave de su madre, quien requiere atención médica urgente. Sin embargo, las limitaciones económicas han impedido que reciba el tratamiento que necesita a tiempo. Incluso en diciembre, Liliana no tuvo recursos para comprarle un regalo de Navidad a su hija; fue una amiga quien, con un gesto solidario, asumió ese detalle.

Seguir de pie cuando rendirse no es opción

Pese a todo, Liliana insiste en que rendirse no es una alternativa. Tiene una hija, una madre y una familia por quien seguir luchando. “Dar la cara” se convirtió en su forma de resistir, de buscar soluciones y de no dejarse vencer por una carga que no eligió.

Hoy, Liliana mantiene un emprendimiento de lasañas, como única forma de generar ingresos extra y comenzar a responder por las deudas que la ahogan. Su llamado es claro y directo: quien desee comunicarse con ella, apoyarla o conocer su historia de primera mano, puede hacerlo a través de su número de contacto: 321 2349463

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