La mujer abandonó su país para vivir sin miedo, pero el horror la alcanzó al otro lado del mundo.
Noticias Internacionales.
Geraldine Sánchez Núñez soñaba con ofrecerles un futuro diferente a sus hijos. Tenía 33 años, era peruana, madre y una mujer valiente que decidió dejar atrás su vida en Lima para huir de una relación violenta. Sin embargo, el hombre que la maltrataba en su país la siguió hasta Italia y la asesinó.
La joven, oriunda de Perú, fue hallada muerta el 16 de julio de 2025 en Monza, una ciudad ubicada a solo 20 minutos de Milán. El cuerpo presentaba signos de asfixia. Según la investigación, su expareja, Alexander Bicherrés, sería el responsable. La historia ha estremecido a dos continentes por la brutalidad del hecho y la impunidad con la que el agresor logró cruzar fronteras para cometer el crimen.
Geraldine dejó su país hace aproximadamente un año. Vendió todas sus pertenencias y se llevó consigo a sus dos hijos. Quería empezar de cero, sin miedo, sin amenazas. En Italia, encontró trabajo cuidando adultos mayores y logró obtener documentos legales. Incluso había tramitado una orden de alejamiento en contra de su expareja, pero esa medida de protección expiró el mismo día en que fue asesinada.
“Estoy con tu mamá y logré lo que quería”
La reconstrucción de los hechos es desgarradora. De acuerdo con el medio Buenos Días Perú, Alexander Bicherrés convenció al hijo menor de Geraldine de compartirle la ubicación de su madre. Lo hizo con engaños, bajo el pretexto de querer verla para hablar sobre su rol como padre. Geraldine aceptó encontrarse con él, quizá por presión, quizá por miedo.
Horas después, apareció un inquietante estado de WhatsApp en el teléfono de Geraldine: una foto de su agresor con la frase “verdadero amor”. Sus familiares supieron de inmediato que algo no estaba bien.
Poco después, Alexander llamó al hijo menor y le dijo una frase escalofriante: “Estoy con tu mamá y logré lo que quería”, luego vino el silencio.
Los hermanos de Geraldine iniciaron una búsqueda desesperada. No pasó mucho tiempo antes de que la policía italiana hallara su cuerpo cerca de su vivienda en Monza.
Un pasado de violencia, denuncias y amenazas ignoradas
Alexander Bicherrés tenía antecedentes por violencia familiar desde 2018 y una denuncia por intento de abuso a una menor de edad. Era el padre del hijo menor de Geraldine. Su historial violento era conocido por la familia de la joven, quienes aseguran que durante años la maltrató física y psicológicamente. Incluso tenía conflictos con los padres de la víctima.
La familia no entiende cómo logró ingresar a Italia. Geraldine ya no quería saber nada de él. A pesar de eso, Alexander llegó hasta Europa, supuestamente para “reconciliarse”, pero sus intenciones eran otras.
En redes sociales, Geraldine compartía fotos sonriente, con sus hijos, en su nuevo entorno. Había empezado a construir una vida lejos del horror. Su historia conmovió aún más al saberse que desde muy joven trabajó para ayudar a su madre. Lo único que buscaba era paz, pero el pasado la alcanzó. La justicia no llegó a tiempo.
El asesinato de Geraldine Sánchez no solo es un crimen atroz. Es una alerta internacional. Demuestra cómo los sistemas de protección a víctimas de violencia de género siguen siendo frágiles, sobre todo cuando las mujeres migran para salvar sus vidas.
Organizaciones de derechos humanos y colectivos feministas en Perú, Italia y otros países de Latinoamérica exigen justicia. También piden la creación de mecanismos de protección transfronterizos y seguimiento efectivo a agresores con historial violento.
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