Entre polvo, túneles improvisados y estructuras inestables, decenas de personas se niegan a abandonar la búsqueda de quienes quedaron atrapados.

Noticias Internacionales.

Han transcurrido dos semanas desde el terremoto que devastó La Guaira, y la realidad que enfrentan cientos de familias venezolanas es desgarradora. Mientras la ciudad se vacía paulatinamente, quienes permanecen lo hacen por una razón inquebrantable: no abandonarán hasta encontrar a sus seres queridos bajo los escombros.

Frente a las torres OPP que alguna vez fueron hogar de cientos de familias, el panorama es desolador. Un árbol de Navidad visible entre los escombros, closets expuestos que revelan la intimidad perdida de sus habitantes, y familias trabajando sin descanso con herramientas improvisadas. "¿Cuántos sueños quedaron aquí?", se pregunta el equipo de reporteros mientras documenta la situación.

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La falta de maquinaria pesada ha obligado a los familiares a convertirse en sus propios rescatistas. Johnny, uno de los "topos" voluntarios, relata cómo intentaba llegar al primer piso a través de túneles excavados manualmente cuando recibieron la orden de introducir maquinaria pesada. "Tenemos personas vivas ahí y mandaron a meter máquina", explica con frustración, señalando el riesgo de quedar atrapados ellos mismos.

La tragedia de Omar González

Una de las historias que conmovió llegó a su trágico final. Omar González, el joven con Asperger que logró conectarse a internet durante las primeras horas tras el terremoto, fue finalmente encontrado sin vida. Su abuela, la profesora Judith, se convirtió en una figura emblemática de estos días, liderando esfuerzos de búsqueda y organización. Ahora debe retirarse para la identificación del cuerpo y cuidar de sus dos hijas sobrevivientes.

"Perdóname, Omar. Perdóname por no haberte podido salvar. Hice todo lo que pude", fueron las palabras desgarradoras de uno de los rescatistas voluntarios al conocer la noticia.

Condiciones insalubres y falta de recursos

La situación sanitaria en La Guaira se deteriora día a día. La proliferación de moscas es alarmante, y el polvo generado por la remoción de escombros ha obligado a utilizar camiones cisterna para regarlo constantemente. Los voluntarios trabajan en condiciones completamente insalubres, sin el equipo de protección adecuado.

Los familiares solicitan desesperadamente: equipos de oxicorte, máquinas excavadoras, grúas telescópicas de 100 toneladas, retroexcavadoras, y elementos básicos como bolsas para cadáveres, repelente de insectos y bloqueador solar. En algunos casos, incluso las bolsas mortuorias que habían recibido fueron robadas.

Historias de resistencia

Nait Sarría busca a su cuñada en la OPP 26H junto a su suegra. Con herramientas mínimas, los familiares remueven escombros con sus propias manos. "Solamente nosotros los familiares somos los que estamos limpiando, los que estamos sacando", explica mientras muestra el área donde trabajan sin descanso.

Franelis busca a su bebé Julia, de apenas un año, a quien había dejado al cuidado de una pareja mientras trabajaba. Con el papá de la niña, permanecen en el lugar día y noche. "No me moveré hasta encontrarla", afirma con determinación mientras un vehículo ilumina con sus faros los túneles que ella misma ha ayudado a cavar.

Entre la vida cotidiana y la tragedia

Los expertos advierten que después de una tragedia como esta, las personas deben enfrentar su nueva realidad. Algunos ya han regresado a trabajar, intentando retomar algo de normalidad, pero para cientos de familias en La Guaira, su día a día ahora consiste en excavar, buscar, esperar y rezar.

Michael, otro voluntario, admite tener miedo al entrar a los túneles improvisados, pero continúa: "Estamos con Dios". La fe y el amor por los suyos son el combustible que mantiene a estas personas trabajando 24 horas al día, cavando metros y metros de concreto con herramientas básicas, desafiando estructuras inestables y arriesgando sus propias vidas.

Mientras Venezuela intenta procesar esta tragedia, La Guaira sigue esperando. Esperando más ayuda, más maquinaria, más personal capacitado. Pero sobre todo, esperando recuperar a sus seres queridos para darles la despedida que merecen.

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