La víctima terminó vigilada, intimidada y sin poder sostener su empresa.
Noticias Internacionales.
Jenny nunca imaginó que al contratar a una joven de apariencia inocente estaría abriendo las puertas de su negocio a una sofisticada red de extorsión criminal en Perú.
La empresaria limeña, dedicada a la venta de cosméticos, había construido con años de esfuerzo dos locales comerciales y un equipo de trabajo estable.
Pero todo cambió cuando Naomi Okuma Fasanando, de 19 años, ingresó como empleada, hoy investigada por la Policía como presunta integrante de una organización dedicada a extorsionar a emprendedores.

El infiltrado perfecto: información desde adentro
Según las investigaciones policiales y la denuncia de la víctima, mientras Naomi trabajaba normalmente en el negocio, cumplía un rol estratégico para una organización criminal: era la informante.
Filtraba datos sensibles sobre movimientos de dinero, información personal de la propietaria, detalles del personal y rutinas operativas.
Todo era entregado, según la PNP, a su pareja sentimental, identificado como Alberto F., señalado como el presunto cabecilla de la banda.
«Insistió trabajar en Lince y pudo recabar mucha información, no solamente mías, sino de mi personal. A mi personal también lo amedrentaron para que no laboren, para meterme más miedo», relató Jenny, visiblemente afectada, en entrevista con medios digitales.
La pista clave: «Señorita Jenny»
El detalle que desenmascaró a la extrabajadora fue aparentemente insignificante pero decisivo.
Naomi insistía en llamarla «señorita Jenny», a pesar de que la empresaria le había pedido en tres ocasiones que la llamara «señora Jenny» como el resto del equipo.
Cuando comenzaron las amenazas extorsivas, la persona que llamaba utilizaba exactamente la misma expresión.
«Esta chica me decía ‘Señorita Jenny’ y en tres oportunidades yo le decía ‘No me digas señorita Jenny, llámame señora Jenny como tus demás compañeras’. Esa fue la pieza clave para mí», explicó la víctima, como se escucha en los testimonios difundidos en plataformas digitales.
Extorsión millonaria y terror psicológico
De acuerdo con la denuncia, los extorsionadores exigieron inicialmente 30 000 soles y luego aumentaron la cifra a 70 000 soles.
Las amenazas incluían datos precisos sobre los movimientos de Jenny, la ubicación de su familia y advertencias explícitas.

«Ya tenemos tiempos observándola en dónde vive sus hijos y su madre que tiene 5 horas para que me dé una respuesta concreta. No ser así, comenzaré matando uno por uno».
La estrategia criminal no solo buscaba dinero: también intimidaban a los empleados para que renunciaran, intentando aislar a la empresaria y debilitar su negocio progresivamente, según relató la propia víctima.
Captura policial y liberación indignante
Tras la denuncia, la Policía Nacional del Perú desarticuló parcialmente la banda y logró intervenir a Naomi Okuma Fasanando junto a Richard Cornejo González (18 años, militar en actividad) y Junior Rodríguez Cueva (23 años).
La operación se realizó en el jirón Callao del Cercado de Lima, cerca de uno de los establecimientos de la víctima.

Entre las evidencias, los agentes encontraron en posesión de la joven el chip telefónico que habría sido utilizado para enviar las comunicaciones extorsivas, de acuerdo con el parte policial difundido por la prensa.
Sin embargo, pocas horas después, el juez Arnold Velásquez Hidalgo ordenó la liberación de Naomi, al no dictarse prisión preventiva en esta etapa del proceso.
La decisión desató la indignación de la víctima y de usuarios en redes sociales.
«¿Qué hace este juez? ¿Qué hace? Deja libre. Yo lloro no de miedo, yo lloro de impotencia», expresó Jenny entre lágrimas, evidenciando la frustración ante un sistema de justicia que considera ineficaz para proteger a las víctimas de extorsión.
Empezar de cero por seguridad
La liberación de quien conocía todos sus movimientos, su familia y sus rutinas obligó a Jenny a tomar una decisión dolorosa: cerrar sus dos locales comerciales por seguridad.
Ahora opera desde casa, realizando transmisiones en vivo por redes sociales para sostener sus ventas e intentando reconstruir lo que le costó años levantar.
Su caso expone una realidad alarmante: cuando la amenaza no viene de fuera sino de dentro, cuando quien te extorsiona es alguien en quien confiaste y a quien diste una oportunidad laboral, la vulnerabilidad es total.
Jenny ahora pide que se reabra el caso, que se revisen las decisiones judiciales y que las autoridades actúen con firmeza antes de que Naomi y la red criminal que la PNP investiga hagan más víctimas entre los emprendedores peruanos.



























