Desde los secretos de los huaqueros hasta su restauración: la fascinante historia de un hallazgo accidental que cambió la arqueología en Colombia.
Noticias Colombia.
En la vasta extensión de la Sierra Nevada de Santa Marta, oculta por siglos bajo la densa vegetación y solo accesible tras días de una ardua caminata, yace la majestuosa Ciudad Perdida, también conocida como Teyuna.
Este sitio arqueológico de la cultura tairona, descubierto en 1975, representa una de las mayores maravillas precolombinas de Colombia y se ha convertido en un símbolo de la resistencia, la complejidad arquitectónica y la identidad indígena del país.
Un hallazgo accidental y su valor arqueológico
La historia de Ciudad Perdida comenzó con un evento fortuito. En 1975, Julio César Sepúlveda, hijo del huaquero Florentino Sepúlveda, disparó a un pájaro durante una expedición de caza en la Sierra.
Sorprendido, descubrió una escalera de piedra que ascendía por una colina, revelando una estructura de gran antigüedad. Así, con sus primeros saqueos y los rumores de tesoros escondidos, inició el camino que llevaría al Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) a emprender una de las investigaciones arqueológicas más importantes en Colombia.
Ciudad Perdida: cómo llegar hasta esta maravilla arqueológica desde Santa Marta
La expedición de 1976, liderada por Luisa Fernanda Herrera, Gilberto Cadavid, y un equipo que incluía a guías ex-huaqueros, permitió desenterrar terrazas, caminos y estructuras que evidenciaban un avanzado diseño urbano. Sin embargo, la conservación de la ciudad no fue tarea sencilla.
El equipo enfrentó un desafío doble: restaurar las ruinas sin dañar la frágil ecología del entorno y protegerlas de las continuas amenazas de los saqueadores.
La grandeza de Teyuna
Ciudad Perdida, o Teyuna, fue el epicentro de una cultura tairona altamente jerarquizada y con una avanzada comprensión de arquitectura e ingeniería.
A lo largo de más de 200 kilómetros cuadrados, el sitio preserva anillos de viviendas, plazas ceremoniales, caminos empedrados, sistemas de drenaje y canales construidos hace más de mil años.
El esfuerzo de restauración, llevado a cabo entre 1976 y 1986, permitió reconstruir gran parte del lugar, el cual fue finalmente abierto al público en 1981.
Más de 200 estructuras forman hoy un complejo sistema de terrazas que se entrelazan sin divisiones amuralladas, permitiendo a los arqueólogos deducir la existencia de una comunidad organizada y unificada.
El área central, donde se alzaban los edificios administrativos y ceremoniales, servía como el núcleo social, mientras que las terrazas descendentes funcionaban como zonas residenciales.
La sofisticación de esta arquitectura revela no solo una capacidad técnica notable sino una cosmovisión compleja que reflejaba la integración del hombre y la naturaleza.
La importancia cultural y los últimos hallazgos
La llegada de la comunidad arqueológica también trajo consigo una valoración del contexto vivo de la cultura tairona. Los kogui, habitantes ancestrales de la Sierra Nevada y considerados descendientes de los taironas, han colaborado en el entendimiento de Teyuna, aportando una visión espiritual que conecta el legado indígena con el presente.
Santiago Giraldo, arqueólogo actual del ICANH, ha continuado investigando la relación entre la estructura urbana de Teyuna y su organización social, concluyendo que las distintas áreas de la ciudad cumplían roles específicos dentro de una sociedad que logró resistir la llegada de los españoles hasta que las epidemias europeas hicieron imposible su supervivencia.
El trabajo arqueológico, interrumpido en la década de 1980 debido a la violencia en la región, se retomó en 2006. Hoy, Ciudad Perdida es un sitio protegido y declarado Patrimonio de la Humanidad, un recordatorio tangible del esplendor tairona y un hito en la identidad cultural de Colombia.
Esta joya arqueológica sigue siendo un lugar de estudio y contemplación, donde los visitantes pueden sentir la esencia de una cultura que, aunque aparentemente extinguida, continúa viva a través de sus descendientes.
Con información de National Geographic.





























