«Vivo de los fallecidos, yo recibo la muerte con las manos abiertas», decía en sus entrevistas.
Noticias Colombia.
La noche del 15 de enero de 2025, una tragedia de dimensiones indescriptibles se balanceó sobre la región del Catatumbo, al norte de Colombia. En un acto de brutal violencia, Miguel Ángel López Rojas, su esposa Zulay Durán Pacheco, y su hijo de apenas seis meses, Miguel Ernei López Durán, fueron asesinados a tiros mientras viajaban por una carretera que conecta a Tibú con Cúcuta.
Este suceso tan doloroso ha dejado una herida profunda en la comunidad de Tibú y en toda Colombia, que, una vez más, se ve sacudida por la violencia incontrolable que sigue marcando el destino de miles de familias.
Expresamos nuestro más profundo pesar y rechazo ante el lamentable fallecimiento del señor Miguel Ángel López Rojas, su esposa Zulay Durán Pacheco y su hijo Miguel Herney López Durán, quien apenas contaba con unos meses de nacido y han partido de manera tan trágica. pic.twitter.com/i6DI5roLAC
— Alcaldía de Tibú (@alcaldiadetibu) January 16, 2025
El hecho ocurrió a la altura de la vereda La Valera, en el corregimiento de La Silla, una zona conocida por ser epicentro de disputas entre grupos armados ilegales.
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Este es un lugar que, desde hace años, se encuentra atrapado en la espiral de violencia, en donde el miedo y la muerte se hacen parte de la cotidianidad.
Lo que hace este crimen aún más desgarrador es que Miguel Ángel López, una de las víctimas, no solo era un habitante más de esta zona, sino también un hombre reconocido por su labor humanitaria, que durante años se dedicó a recoger los cuerpos de las víctimas de la violencia y darles una digna sepultura.
La tragedia de su muerte se ve teñida de una cruel ironía
Miguel Ángel no solo era propietario de la funeraria en la región, sino que se había convertido en un héroe anónimo para muchas familias del Catatumbo, aquellos que se encuentran en las zonas más remotas y peligrosas, a donde las autoridades no se atreven a llegar.
Su valentía le permitió realizar una de las labores más humanas, pero al mismo tiempo más riesgosas, en un contexto de guerra y violencia. Había llegado a ser reconocido como un embalsamador, tanatólogo y funerario en una de las regiones más conflictivas del mundo.
Su trabajo no solo consistía en recoger los cuerpos, sino en hacer todo lo posible para preservarlos, a pesar de las condiciones adversas y el riesgo constante.
Miguel Ángel lo había narrado en un documental realizado por el canal Realidades, donde, con una serenidad que contrastaba con la dureza de su entorno, relataba cómo la muerte se había convertido en su medio de vida.
«Vivo de los fallecidos, yo recibo la muerte con las manos abiertas«, decía en sus entrevistas. Sus palabras, cargadas de un profundo dolor, resonaban con una claridad escalofriante: «En esta región, las autoridades temen realizar el levantamiento de cuerpos. Muchos de ellos aparecen en las orillas de las carreteras o en campos abandonados, y la situación es tan peligrosa» que ni siquiera los vecinos se acercan a ayudar».
Aquí el documental:
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