Esta estructura del siglo XIX no solo conectó regiones clave, también marcó un hito en la historia del transporte en el país.
Noticias Colombia.
Entre las montañas de Santander, en medio de paisajes imponentes y caminos cargados de historia, se levanta el puente Lengerke, una de las estructuras más representativas del país. Este monumento no solo facilitó el comercio en el siglo XIX, también marcó un hito al convertirse en el lugar donde se habría cobrado el primer peaje en Colombia.
Ubicado sobre el río Chicamocha, en el municipio de Jordán, considerado el pueblo más solitario del país, este puente se ha convertido en un destino imperdible para quienes buscan conectar con el pasado y descubrir joyas ocultas del territorio nacional.
Construido en 1864, en una época dominada por caminos de herradura, el puente Lengerke fue fundamental para el transporte de mercancías entre el interior del país y la costa Caribe. Su ubicación estratégica permitió conectar regiones como Guanentá y Soto con el río Magdalena, una de las principales arterias comerciales de la época.
Según el portal Destino Chicamocha, la relevancia de esta estructura fue tal que allí se implementó el primer sistema de peaje en Colombia. En ese entonces, se cobraban cinco centavos por cada bestia que cruzara el puente, lo que refleja la importancia del tránsito comercial por esta ruta.
Un lugar con historia libertadora
Más allá de su valor económico, el puente también está rodeado de relatos históricos. Se cree que el Libertador Simón Bolívar habría transitado por este paso durante sus campañas, lo que refuerza su relevancia dentro del proceso histórico del país.
Gracias a esta conexión, Jordán logró consolidarse como un punto estratégico para el comercio y la movilidad en la región, pese a su aislamiento geográfico.
En la actualidad, el puente Lengerke se mantiene como un atractivo turístico que conecta con el Camino Real hacia el municipio de Los Santos. Esta ruta es frecuentada por viajeros que desean recorrer senderos históricos y disfrutar de las vistas únicas del cañón del Chicamocha.
A pocos metros del puente, aún se conserva una antigua tarabita, un sistema rudimentario que se utilizaba antes de la construcción del puente para cruzar el río. Este elemento añade un valor histórico adicional y permite a los visitantes imaginar cómo era la movilidad en esa época.
El lugar no solo ofrece una experiencia cultural, sino también paisajes que cautivan a quienes buscan turismo de naturaleza, historia y aventura en un mismo destino.
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