Un virus descubierto en los años 30 regresa con fuerza y provoca imágenes dignas de una película de terror.
Noticias Internacionales.
En las tranquilas calles de Fort Collins, Colorado, un inquietante fenómeno ha captado la atención de vecinos y expertos: conejos salvajes con enormes crecimientos negros, parecidos a cuernos retorcidos o tentáculos, sobresaliendo de sus cabezas.
Las impactantes imágenes, difundidas en redes sociales, han despertado todo tipo de teorías, desde mutaciones genéticas hasta supuestas plagas de “conejos zombis”.
La realidad, sin embargo, es más científica —aunque no menos perturbadora—. Los animales padecen el virus del papiloma del conejo de cola de algodón, conocido como Shope papillomavirus.
Esta enfermedad provoca la formación de tumores queratinosos que pueden crecer de manera descomunal, especialmente en la cabeza y el rostro, deformando por completo la apariencia de los animales.
Según especialistas, el virus se transmite principalmente a través de insectos como mosquitos, pulgas y garrapatas, aunque también puede propagarse por contacto directo entre conejos.
A pesar de su apariencia alarmante, no existe riesgo alguno para humanos ni para otras especies. El virus está adaptado únicamente a los conejos, aunque puede afectar tanto a ejemplares salvajes como domésticos.
El Shope papillomavirus no es una amenaza nueva. Fue identificado en la década de 1930 y ha servido de modelo para entender cómo ciertos virus pueden causar cáncer.
Sin embargo, los brotes más visibles suelen darse en primavera y verano, cuando aumenta la actividad de los insectos transmisores.
Para los conejos, el impacto puede ser desde leve hasta mortal. En muchos casos, los tumores se mantienen benignos y desaparecen con el tiempo. Pero si crecen lo suficiente como para impedir que el animal se alimente, vea o respire con normalidad, la situación se convierte en una condena segura.
En conejos domésticos, incluso, existe el riesgo de que los tumores se vuelvan malignos.
Las autoridades y expertos en vida silvestre recomiendan no intentar capturar, tocar o alimentar a estos animales. Lo más prudente es observarlos a distancia y, si se desea, reportar los avistamientos a las autoridades locales para su monitoreo.
Aunque la imagen de un conejo con “cuernos” pueda parecer sacada de una pesadilla, detrás hay una historia que mezcla ciencia, biología y el delicado equilibrio de la fauna salvaje.
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