Del duelo por una tragedia a una fiesta que es cultura e identidad para los caleños.
Noticias Cali.
Para los caleños la Feria de Cali es mucho más que una fiesta anual: es un acto de identidad, una forma de reconocerse y mostrarse al mundo. Representa el momento en el que la ciudad se detiene para celebrar su carácter alegre, resiliente y diverso, transformando las calles en escenarios de música, baile y encuentro. Es el espacio donde la memoria colectiva y la celebración se abrazan.
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La historia de esta festividad que en este 2025 cumple 68 años no tiene un único punto de partida, y precisamente allí radica parte de su riqueza simbólica. Para algunos investigadores, el espíritu de esta celebración surge como una respuesta colectiva al profundo dolor que dejó la explosión del 7 de agosto de 1956, una tragedia que marcó para siempre a la ciudad.
Ese día, Santiago de Cali vivió una de las peores tragedias de su historia. En la madrugada, una serie de explosiones sacudió la ciudad luego de que siete camiones del Ejército, cargados con dinamita, estallaran mientras permanecían estacionados cerca de la antigua estación del ferrocarril, sobre la calle 25.
El material explosivo había llegado desde el puerto de Buenaventura y, por razones que nunca quedaron del todo claras, permaneció varias horas en una zona densamente poblada. La detonación fue tan potente que arrasó barrios enteros, destruyó viviendas, escuelas y comercios, y generó un cráter de enormes dimensiones. La onda expansiva se sintió a kilómetros de distancia y dejó a la ciudad sumida en el caos.
El saldo fue devastador: cerca de 4.000 personas murieron, miles resultaron heridas y decenas de miles quedaron sin hogar. Cali amaneció convertida en un escenario de ruinas, dolor y duelo colectivo. La magnitud del desastre marcó un antes y un después en la memoria urbana, social y emocional de la ciudad, convirtiéndose en un episodio que aún hoy es recordado como una herida abierta en la historia caleña.
Desde esta mirada, la feria sería una forma de reconstrucción social y emocional, un acto de resistencia desde la alegría.
Otra versión que existe sobre el origen de la Feria de Cali
Otra corriente histórica plantea un origen distinto, más ligado al desarrollo urbano y social de la Cali de finales de los años cincuenta. Según esta versión, la inauguración de la Plaza de Toros, en 1957, motivó a las élites de la época a impulsar una gran fiesta ciudadana alrededor de los espectáculos taurinos. La iniciativa tomó forma cuando el entonces gobernador, el capitán de corbeta Óscar Herrera Rebolledo, encomendó a Joaquín Paz Borrero la tarea de organizar un evento capaz de convocar a toda la ciudad.
Los primeros años de la feria estuvieron marcados por símbolos rurales y tradicionales. En su desfile inaugural aparecieron carretas de madera haladas por bueyes, una imagen que evocaba el vínculo de Cali con el campo y la agricultura. A la par, desfilaron las llamadas reinas de la caña, jóvenes pertenecientes a familias vinculadas a la poderosa industria azucarera, que representaban el estatus y la identidad económica del Valle del Cauca en esa época.
Más allá de las diferencias sobre su origen, los historiadores coinciden en un punto clave: la Feria de Cali nació oficialmente en 1957 y, desde entonces, se convirtió en el eje de una transformación cultural que trascendió fronteras. La ciudad, conocida como la Sucursal del Cielo, fue moldeando una celebración propia que con el tiempo abrazó la salsa como lenguaje musical y corporal, hasta convertirse en un referente mundial del baile y el sabor.
Ese proceso fue impulsado por la llegada de nuevos sonidos y artistas, y por el reconocimiento internacional que figuras como Johnny Pacheco, cofundador del sello Fania, dieron a Cali como un epicentro natural de la salsa. Paralelamente, la feria consolidó eventos como los desfiles de comparsas y las cabalgatas, que reflejaban el orden, la elegancia y las costumbres de una sociedad marcada por los clubes hípicos y las tradiciones decembrinas.
Con el paso de los años, la feria también cambió de escenario y de ritmo. Surgieron las emblemáticas casetas, espacios que abrieron sus puertas a músicos nacionales e internacionales y que marcaron el declive de los bambucos, pasillos y músicas de cuerda. En su lugar, floreció una Cali nocturna y popular, llena de salsotecas y pistas improvisadas, donde el barrio hizo suya una música que llegaba desde la Costa Caribe y Medellín, y que terminó convirtiéndose en el latido más reconocido de la ciudad.
Qué días se lleva a cabo la Feria de Cali
La Feria de Cali se lleva a cabo del 25 al 30 de diciembre cada año, comenzando el día de Navidad con eventos icónicos como el Salsódromo y continuando con variadas actividades culturales y gastronómicas en diferentes puntos de la ciudad durante esos seis días.
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