Ni operativos ni advertencias frenaron la alborada.
Noticias Cali.
Cali vivió una de sus madrugadas más ruidosas del año entre la noche del 30 de noviembre y el amanecer del 1.º de diciembre. A pesar del despliegue especial de la Policía Metropolitana, que destinó cerca de 300 uniformados para acompañar la alborada y prevenir emergencias, la ciudad terminó envuelta en detonaciones de pólvora que se sintieron desde temprano y se intensificaron a pocos minutos de la medianoche.
El operativo incluía presencia en zonas comerciales, gastronómicas y turísticas, así como recomendaciones insistentes para evitar el uso de fuegos pirotécnicos.
La Policía buscaba proteger a los niños —quienes cada diciembre aportan la mayor cifra de lesionados por quemaduras— y minimizar el impacto en los animales, especialmente perros y gatos, altamente sensibles al ruido.
Pero, llegada la noche del 30 de noviembre, el panorama fue otro. Desde las 11:00 p.m. comenzaron a escucharse las primeras explosiones, que aumentaron con fuerza hacia las 11:58 p.m., cuando diversos sectores de la ciudad decidieron encender pólvora como antesala al mes de diciembre.
Los llamados preventivos quedaron en segundo plano para un número considerable de ciudadanos que optaron por mantener la tradición.
La madrugada del 1.º de diciembre mostró un mapa de luces y sonidos que cubrió gran parte de Cali. Muchas personas incluso subieron a los cerros y zonas altas para observar, desde allí, la pirotecnia que brotaba simultáneamente en múltiples barrios.
Las redes sociales se llenaron de videos capturados desde esos puntos, revelando una alborada masiva y difícil de contener.
En algunos barrios del sur, como el Caney, la situación fue aún más evidente. Allí, varios establecimientos comerciales utilizaron pólvora hasta altas horas de la madrugada, generando molestias y malestar entre los vecinos.
Al amanecer, los residentes denunciaron desorden, ruido excesivo y basura acumulada en el espacio público: botellas de licor, restos de papeletas y residuos de los artefactos detonados durante la celebración.
Lo que comenzó como un esfuerzo institucional para prevenir riesgos terminó convertido en una madrugada marcada por el estruendo, la falta de control y el incumplimiento generalizado de las recomendaciones.
Pese a las advertencias, la ciudad recibió diciembre entre explosiones que se extendieron del 30 al 1.º, mostrando que para muchos caleños el llamado de las autoridades tuvo poco efecto.