Templos cerrados y daños estructurales marcan el inicio de una larga reconstrucción.
Noticias Cali.
El terremoto que afectó a Cali también dejó daños en espacios destinados al culto y al encuentro comunitario. Un balance preliminar estableció afectaciones en 89 iglesias de distintos credos, luego de caracterizar más de 250 templos y comunidades religiosas en la ciudad.
Sin embargo, el reto para estas organizaciones va más allá de reparar paredes, cubiertas o estructuras. Mientras avanzan las evaluaciones técnicas y algunos templos permanecen cerrados, las comunidades de fe mantienen su trabajo de acompañamiento a las personas afectadas por la emergencia.
Templos cerrados y patrimonio en riesgo
El balance identifica diferentes niveles de afectación: 31 iglesias presentan daños leves, 27 moderados, 27 severos y cuatro registran pérdida total o colapso.
Las comunas 17, 19 y 2 concentran buena parte de los casos reportados, con 35, 29 y 19 iglesias afectadas, respectivamente.
La situación también compromete edificaciones con valor histórico para Cali. En el caso de la Iglesia Católica, 14 templos permanecen cerrados de manera preventiva, seis de ellos reconocidos como bienes de interés cultural.
Entre los inmuebles afectados están la iglesia de La Merced, la Catedral de San Pedro Apóstol, el templo de Colseguros, el Señor de la Buena Esperanza y el Templete.
La Catedral de San Pedro Apóstol enfrenta uno de los procesos más complejos. La intervención que requiere podría extenderse hasta tres años, dependiendo de los estudios y trabajos que finalmente sean necesarios.
La Arquidiócesis de Cali también reportó un panorama amplio en el departamento: más de 100 templos y capillas presentan algún nivel de afectación en el Valle del Cauca, de los cuales 47 corresponden a Cali y a su jurisdicción.
El cierre preventivo de los templos busca evitar riesgos mientras se determina con mayor precisión la condición de cada inmueble. Para las comunidades religiosas, esto implica encontrar alternativas para continuar sus actividades mientras se define el futuro de sus espacios.
La ayuda no se detuvo
Pese a las afectaciones, la labor de las comunidades religiosas continuó después de la emergencia.
Parroquias y organizaciones vinculadas a la Iglesia han participado en la recepción y entrega de donaciones para familias afectadas. A estas acciones se ha sumado el acompañamiento psicosocial a personas que perdieron sus viviendas o que permanecen en alojamientos temporales.
La etapa que comienza ahora plantea necesidades diferentes a las de los primeros días. Más allá de la asistencia inmediata, las comunidades deberán acompañar a personas que enfrentan procesos prolongados de recuperación, pérdida de bienes y reconstrucción de sus hogares.
“Estamos hablando de una nueva etapa, una nueva fase que requiere un acompañamiento personal, uno a uno, de todos los que se han visto afectados por el terremoto”, señaló monseñor Luis Fernando Rodríguez Velázquez, arzobispo de Cali.
Reconstruir también será preservar la memoria
Los daños en los templos representan además una preocupación por el patrimonio arquitectónico y cultural de la ciudad. Algunos de estos espacios han sido escenarios de celebraciones, encuentros y procesos comunitarios durante décadas.
Por eso, la recuperación no se limita a restablecer el funcionamiento de los lugares de culto. En los casos de inmuebles patrimoniales, las intervenciones deberán considerar también la conservación de elementos que hacen parte de la historia de Cali.
El desafío alcanza a comunidades de diferentes credos. Iglesias católicas, comunidades judías, adventistas, cristianas y otras expresiones religiosas registraron afectaciones y ahora afrontan procesos de recuperación de sus espacios.
Pero mientras se define cuánto costará y cuánto tiempo tomará reconstruir cada templo, las comunidades mantienen una función que no depende de sus edificaciones: acompañar a quienes todavía atraviesan las consecuencias humanas del terremoto.
La reconstrucción de las iglesias será, por tanto, un proceso paralelo a la recuperación de la ciudad. Para algunos templos significará reparaciones puntuales; para otros, intervenciones de gran magnitud. En todos los casos, el desafío será recuperar espacios que, además de servir para la práctica religiosa, cumplen un papel social y comunitario.
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