El veredicto abre la puerta a cientos de demandas similares en Estados Unidos por daños en la salud mental de menores.
Noticias Internacionales.
Un jurado de Los Ángeles emitió un fallo sin precedentes al darle la razón a una joven que demandó a Meta y Google por los efectos de la adicción a redes sociales durante su infancia. La decisión judicial marca un punto de inflexión en el debate sobre el impacto de estas plataformas en la salud mental de los menores.
El jurado concluyó que ambas compañías construyeron intencionalmente plataformas adictivas que perjudicaron a la demandante, una mujer de 20 años identificada como Kaley. Este resultado podría influir en cientos de procesos similares que avanzan actualmente en tribunales de Estados Unidos.
Tras cinco semanas de juicio, el panel determinó que Meta es responsable del 70% del daño, mientras que YouTube, propiedad de Google, deberá responder por el 30%. Esto implica que la mayor carga de la indemnización recaerá sobre la empresa matriz de Instagram.
Millonaria indemnización aún en discusión
El tribunal aún debe definir los daños punitivos, que podrían alcanzar hasta 30 millones de dólares según la legislación estatal. Esta cifra elevaría significativamente el impacto económico del fallo para las compañías involucradas.
Durante el proceso, Meta sostuvo que el uso de Instagram no causó de manera significativa los problemas de Kaley. Tras conocerse el veredicto, la empresa señaló: «Respetuosamente no estamos de acuerdo con el veredicto y estamos evaluando nuestras opciones legales».
En su primera comparecencia ante un jurado, Mark Zuckerberg defendió la política de la compañía de prohibir el acceso a menores de 13 años. Sin embargo, al ser confrontado con documentos internos, admitió que la empresa sabía que niños más pequeños utilizaban sus plataformas y aseguró que «siempre deseó» mejorar los mecanismos de control.
Testimonio clave: una infancia marcada por las redes
Kaley relató que comenzó a usar YouTube a los 6 años e Instagram a los 9, sin encontrar barreras efectivas de acceso. «Dejé de relacionarme con mi familia porque pasaba todo mi tiempo en las redes sociales», declaró durante el juicio.
La joven aseguró que desde los 10 años empezó a experimentar ansiedad y depresión. También desarrolló una fuerte obsesión con su apariencia física debido al uso de filtros. Con el tiempo, fue diagnosticada con dismorfia corporal, un trastorno que distorsiona la percepción del propio cuerpo.
Los abogados de Kaley sostuvieron que plataformas como Instagram fueron diseñadas como «máquinas de adicción», destacando funciones como el desplazamiento infinito. Según argumentaron, las empresas buscaban atraer a usuarios jóvenes porque tienden a permanecer más tiempo conectados.
El fallo no cierra el capítulo judicial para las tecnológicas. Un nuevo caso contra Meta y otras plataformas ya está programado para iniciar en junio en un tribunal federal de California, lo que anticipa una nueva etapa de litigios en torno al impacto digital en menores.





























