La guerra en Oriente Medio dispara el precio del petróleo y hace temer una economía más lenta y con precios altos.
Noticias Internacionales.
La escalada de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán encendió las alarmas en los mercados financieros y reavivó el fantasma de la estanflación: esa combinación tóxica de inflación alta y crecimiento débil que ya marcó los años 70. El petróleo se disparó a máximos recientes, las bolsas registraron nuevas jornadas de caídas y los bancos centrales quedaron atrapados entre la presión inflacionaria y el riesgo de frenar aún más la actividad.
El epicentro del temor está en el crudo: el Brent llegó a cotizar cerca de 120 dólares por barril en medio de la tensión en el estrecho de Ormuz, una de las rutas clave para el suministro energético mundial. Analistas advierten que un shock de oferta prolongado, con interrupciones en el transporte de petróleo y gas, podría disparar los costos de energía, presionar la inflación y golpear el crecimiento a escala global.
Firmas de inversión y bancos de análisis señalan que la situación recuerda, en parte, a la crisis petrolera de los años 70, cuando el encarecimiento del crudo derivó en una estanflación que hundió bolsas y encareció el crédito. Hoy el escenario es distinto, pero el riesgo es que un petróleo caro durante varios meses vuelva a encarecer el transporte, los alimentos y la producción, justo cuando muchas economías ya mostraban señales de fatiga.
Mercados en rojo y volatilidad al alza
La reacción de los mercados no se hizo esperar. Wall Street encadenó un “lunes rojo” con fuertes caídas en los principales índices, mientras plazas de Europa y Asia replicaron el nerviosismo con ventas masivas de acciones y bonos. Sectores intensivos en energía y transporte, como aerolíneas, navieras y logística, concentraron buena parte de las pérdidas ante el temor a un incremento sostenido de sus costos.
El llamado “índice del miedo” de Wall Street, que mide la volatilidad implícita en el mercado, tocó máximos de un año en medio de la escalada del conflicto y el rally del petróleo. Los inversores se refugiaron en activos considerados más seguros, como el dólar y los bonos ligados a la inflación, mientras ajustan a la baja las perspectivas de crecimiento para los próximos trimestres.
¿Qué es la estanflación y por qué preocupa tanto?
La estanflación es un escenario en el que la economía se estanca o crece muy poco, pero la inflación se mantiene alta, erosionando salarios, ahorros y márgenes de las empresas. A diferencia de una recesión clásica, en la que los bancos centrales pueden bajar tasas para estimular la actividad, en un contexto estanflacionario las autoridades monetarias se enfrentan a un dilema: si aflojan demasiado, empeora la inflación; si aprietan más, pueden profundizar la desaceleración.
En las últimas semanas, los datos de empleo, consumo y producción en las principales economías ya mostraban cierta pérdida de impulso, al tiempo que la inflación daba señales de repunte o se resistía a bajar al ritmo esperado. El shock energético llega, así, en un momento especialmente sensible, lo que explica por qué tantos analistas hablan de “riesgo real” o “fantasma” de la estanflación, más que de un escenario ya consumado.
El dilema de los bancos centrales
La Reserva Federal de Estados Unidos, el Banco Central Europeo y otras autoridades monetarias venían evaluando recortes de tasas graduales para no ahogar la recuperación postpandemia. Sin embargo, la suba del petróleo y el repunte de las expectativas de inflación ya llevó a los mercados a recortar la probabilidad de recortes e incluso a anticipar una nueva ronda de alzas en algunas jurisdicciones.
En Estados Unidos, los últimos datos de empleo y precios alimentan la percepción de que la Fed podría mantener una postura más dura por más tiempo, incluso a costa de enfriar aún más la actividad. En Europa, el rebote de la inflación y la dependencia energética del continente frente al petróleo de Oriente Medio aumentan el riesgo de que un shock prolongado empuje a la región hacia un escenario estanflacionario.
¿Hasta dónde puede llegar el riesgo?
Los escenarios que barajan las casas de análisis van desde un conflicto relativamente acotado, con un pico temporal del petróleo y una corrección posterior, hasta un cuadro de guerra prolongada con interrupciones más severas del suministro en el estrecho de Ormuz.
En el primer caso, el impacto se traduciría en algunos meses de inflación más alta y crecimiento algo más débil, pero sin una recesión global profunda; en el segundo, el riesgo de estanflación se dispararía y las bolsas podrían enfrentar caídas más duraderas.
Por ahora, la mayoría de los informes aún consideran que el peor escenario no es el más probable, aunque advierten que el margen de error es cada vez menor. Todo dependerá de cuánto suba y por cuánto tiempo se mantenga caro el petróleo, de si se agrava la interrupción de rutas clave como Ormuz y de la respuesta coordinada —o no— de gobiernos y bancos centrales frente a este nuevo shock.




























