El crimen ocurrió en 2023, pero en 2026 la madre de la víctima sigue exigiendo justicia tras la extradición del señalado responsable desde Canadá.
Noticias Internacionales.
En el puerto de Lázaro Cárdenas, Michoacán, donde el movimiento de contenedores nunca se detiene, una empresaria del transporte de carga nunca imaginó que despedir a un empleado desleal le costaría la vida de su hijo. Esta es la historia de Isis Ninivet Ortiz, quien sigue pidiendo justicia y protección en 2026, tres años después de que su hijo Alexander, de apenas 16 años, fuera asesinado a balazos frente a ella.
Isis Ortiz había contratado a Jorge Luis N., alias «El Marino», para que la asesorara en el establecimiento de una agencia de seguridad privada. El hombre presumía su formación militar y experiencia en la capitanía del puerto de la presa del Infiernillo. Sin embargo, la relación laboral se deterioró rápidamente cuando la empresaria comenzó a descubrir irregularidades: malos tratos, palabras obscenas, robo de dinero y un intento de apropiarse de parte de la empresa.

«Lo contrato sin saber su oscuro pasado. Empecé a descubrir que me robaba dinero, que me pedía para ciertos proyectos y no lo usaba para eso. Decidí que se terminara la relación laboral», relata Isis en su testimonio.
La amenaza que se cumplió ocho meses después
Cuando Isis le cerró las puertas de su oficina, Jorge Luis N. la demandó laboralmente. Pero más allá del litigio legal, lanzó una amenaza velada pero contundente: «A mí nadie me salta. Tú te vas a acordar de mí. Te voy a dar donde más te duele». Incluso le puso una pistola. La frase no fue gritada, fue casi susurrada, pero ocho meses después se convertiría en una terrible realidad.
El 4 de junio de 2023, Isis regresaba con sus dos hijos de dejar al mayor en la terminal de autobuses rumbo a Guadalajara. Eran las 11 de la noche cuando llegaron a su casa. Alexander, su hijo de 16 años, había pedido la camioneta para ir por un chocolate, pero su madre se negó porque era tarde. Segundos después, escuchó lo que parecían truenos.
Siete disparos y una madre desesperada
«Volteé a ver y Alexander ya estaba vomitando sangre. Me quedé muy sorprendida porque no sabía qué había pasado. Alcancé a ver a dos muchachos en una motocicleta negra y una arma apuntando todavía hacia nosotros», recuerda Isis en un desgarrador testimonio.
Siete disparos impactaron la camioneta. Los vidrios estallaron. Isis aceleró a media cuadra donde un vecino salió a ayudarla, subiéndose al asiento trasero para sostener a Alexander del pecho mientras ella manejaba desesperada hacia el hospital del Seguro Social. Su hijo se desangraba, se ahogaba, luchaba por respirar. A las 4:30 de la mañana, los médicos anunciaron que había fallecido.

Tras el asesinato, Jorge Luis N. desapareció. Las investigaciones revelaron su negro historial: está señalado por enriquecimiento ilícito, lavado de dinero y vínculos con la delincuencia organizada. El presunto asesino huyó del país y se refugió en Canadá durante meses, mientras la justicia parecía lejana para Isis.
Pero en marzo de 2025 fue detenido en territorio canadiense, y en enero de 2026 fue extraditado a México. Sin embargo, para la madre de Alexander, la verdadera pregunta no es si fue detenido, sino si ahora podría quedar en libertad.
El temor que no termina
Tres meses después del asesinato de su hijo, Isis sufrió un segundo atentado. Unos hombres colocaron explosivos en una camioneta muy similar a la suya, cerca de su casa, y la hicieron detonar. Era la camioneta del vecino. Al parecer, se habían equivocado de objetivo.
«Mi vida está sentenciada. Si él sale, yo estoy aquí dando la cara, no me he escondido. Viajo seguido, no estoy en un solo lugar, dado que hasta que esta persona no tenga una sentencia, no puedo estar definitivamente en un lugar», afirma Isis, quien sigue luchando para que su hijo reciba justicia y para alentar a otras mujeres a alzar la voz ante situaciones similares.
Alexander tenía 16 años. No fumaba, no bebía, no estaba metido en problemas. Soñaba con tener su propia línea de camiones y ver su nombre pintado en las enormes cajas metálicas recorriendo las carreteras. Ese sueño, esa voz, esa vida, fueron apagados por la venganza de un exempleado que cumplió su amenaza de dar «donde más duele».





























