La familia celebra que, tras años de incertidumbre, las autoridades finalmente lograran identificar y detener al responsable.
Noticias Internacional.
El asesinato de Leslie Preer en 2001 marcó a una comunidad entera y se convirtió en uno de los casos más inquietantes de Maryland, Estados Unidos. Durante más de dos décadas, la familia permaneció sin respuestas claras, hasta que en 2024 una simple botella de agua hallada en el Aeropuerto Washington Dulles International permitió reactivar la investigación. El hallazgo fue clave para identificar al responsable: Eugene Teodor Gligor, quien finalmente fue condenado por el crimen.
La relación de Gligor con la familia Preer se remontaba a la adolescencia. Mantuvo un noviazgo con Lauren Preer, hija de Leslie, cuando ambos tenían 15 años y vivían en el mismo vecindario. En ese entonces, él asistía con frecuencia a la casa de la víctima para cenas, fiestas y juegos familiares. Ella recordaría años después, en una entrevista con The Washington Post, que su madre siempre lo trató con amabilidad, aunque su padre advertía que “había algo raro en él”.

Durante la secundaria, Gligor desarrolló una reputación problemática. Era conocido por su conducta conflictiva, por el consumo de sustancias y por un deterioro emocional tras el divorcio de sus padres. Finalmente fue expulsado del colegio y terminó alejándose de Lauren, aunque las razones nunca fueron divulgadas.
Tras el asesinato de Leslie, él se mudó a un apartamento en Washington D. C. y comenzó a trabajar en una inmobiliaria. Pocas semanas después del crimen, Lauren se lo cruzó accidentalmente en un bar, donde él le dio el pésame. Años más tarde, ella lo recordaría diciendo: “Es increíble cómo puedes mirar a alguien a los ojos sabiendo que cometiste este crimen”.

A pesar de su pasado turbulento, muchos conocidos lo describían con el tiempo como un hombre “zen”, una imagen que contrastaba con su oscuro historial. Esa dualidad contribuyó a que el caso permaneciera en el olvido durante más de 20 años, hasta que dos detectives decidieron retomarlo en 2022. Tara Augustin y Alyson Dupouy reexaminaron a fondo la evidencia preservada y confirmaron que existía ADN del asesino, aunque durante años no había coincidido con ninguna base de datos tradicional.
El avance definitivo llegó en 2024, cuando las investigadoras recurrieron a un método innovador de análisis genético conocido como ADN familiar. La técnica permite comparar el material genético del sospechoso con bases de datos públicas para identificar posibles familiares lejanos. “A veces pueden ser miles de personas y la relación muy distante”, explicó Augustin en una entrevista para el programa 20/20 en septiembre de 2025. El resultado fue una lista de coincidencias que llevó directamente a Gligor.
Con el ADN confirmado y el vínculo establecido, las autoridades emitieron una orden de captura, cerrando uno de los casos más dolorosos para la familia Preer.
Hoy, la comunidad observa con alivio que, tras 23 años de incertidumbre, el asesino finalmente ha sido llevado ante la justicia. Para los seres queridos de Leslie, la resolución del crimen no borra el dolor, pero sí representa una verdad largamente esperada y la certeza de que la persistencia investigativa y la ciencia terminaron por imponerse.
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