En Kilele no existen aulas tradicionales. Margarita cree que los salones cerrados pueden generar rivalidades.

Noticias Cali.

En Brisas de las Palmas, en el oriente de Cali, existe un lugar donde la educación se vive como un acto de resistencia, cuidado y esperanza. Se trata de Sonrisas de Kilele, una escuela popular que nació de una vocación profunda y hoy se ha convertido en un faro para niños, niñas y jóvenes del territorio.

Todo comenzó con Margarita, una lideresa social que, al salir de la universidad, se encontró con varios niños parados en la calle. Movida por su formación académica y su deseo de abrir oportunidades, los invitó a su casa con la idea de crear un pre-ICFES, convencida de que una buena preparación podría acercarlos a la vida universitaria. Sin embargo, pronto descubrió una realidad más dura: muchos de esos niños y jóvenes no contaban con formación básica de primaria ni de bachillerato.

Lejos de rendirse, Margarita decidió empezar desde donde fuera necesario. Tocó puertas, buscó espacios prestados, se reunió en salones comunales y en cualquier lugar disponible. En ese camino conoció de cerca una realidad que atraviesa a muchos liderazgos sociales: cuando los intereses de poder se imponen, los procesos comunitarios suelen ser desplazados. Aun así, ella continuó buscando espacios seguros para sus estudiantes.

En una ocasión, mientras realizaban actividades en una cancha del sector, Margarita y los niños quedaron en medio de un enfrentamiento armado. Una bala rozó su hombro. Para ella, el miedo no fue lo más fuerte; lo que la marcó fue pensar que esos niños no merecían vivir situaciones así. Al día siguiente, con el corazón herido pero firme, decidió actuar.

Visitó bancos, tocó puertas y solicitó préstamos para ampliar su casa, un hogar de apenas 32 metros cuadrados. Dos bancos confiaron en ella y le prestaron, cada uno, 15 millones de pesos. Así comenzó la construcción de lo que hoy es la escuela popular Sonrisas de Kilele.

Actualmente, el lugar cuenta con tres pisos: • En el primero vive Margarita. • En el segundo funciona un comedor comunitario, en articulación con la Alcaldía de Cali y la Arquidiócesis. • En el tercero se desarrolla el proceso formativo.

En Kilele no existen aulas tradicionales. Margarita cree que los salones cerrados pueden generar rivalidades. En su lugar, el aprendizaje se organiza en módulos por letras, porque allí no importa la edad, sino las habilidades y debilidades que cada estudiante necesita fortalecer.

La escuela también cuenta con otra gran lideresa social, de nombre Ana, quien enseña a leer y escribir a través de la música. Existe un espacio especial conocido como “el cuarto de las vocales”, donde los niños aprenden la A, E, I, O y U cantando, jugando y descubriendo el lenguaje desde la alegría.

Sonrisas de Kilele es hoy una muestra viva de que, aunque el oriente de Cali suele ser narrado desde la violencia y el conflicto, en los territorios también florecen procesos comunitarios que transforman realidades. La misma comunidad, reconociendo sus problemáticas, se organiza, dialoga y crea soluciones, tal como lo plantea la comunicación para el cambio social de Gumucio: el cambio nace desde adentro.

Esta escuela popular ha contado con el apoyo de organizaciones e instituciones como Compromiso Valle, la Arquidiócesis de Cali, la Alcaldía Distrital, el ICBF y otras entidades que han creído en el proceso. Sin embargo, su mayor fuerza sigue siendo la convicción de Margarita y de la comunidad que la rodea.

Ella continúa formando, convencida de que la educación debe liberar y nunca oprimir. Y mientras haya niños con ganas de aprender, Sonrisas de Kilele seguirá siendo un refugio, una escuela sin muros y una esperanza viva para el oriente de Cali.