El hombre había sido denunciado por su expareja.

Noticias Internacionales.

Uruguay quedó paralizado tras conocerse el caso de Andrés Morosini Rechoppa, un joven de 28 años que secuestró a sus dos hijos en el departamento de Soriano y fue hallado días después sin vida junto a ellos, dentro de un vehículo sumergido en un arroyo. La noticia desató una profunda conmoción nacional y reavivó el debate sobre la violencia doméstica, la protección a víctimas y los vacíos en los mecanismos de alerta temprana.

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Morosini, quien se desempeñaba como obrero y jockey aficionado, había sido denunciado por su expareja, Micaela Ramos, por violencia de género. Tenía medidas cautelares en su contra que le prohibían acercarse a ella y a sus hijos, Francisco (6 años) y Alfonsina (2 años). Sin embargo, el 3 de septiembre ingresó por la fuerza a la vivienda de Ramos y se llevó a los niños, amenazando con que “no los volvería a ver”.

En un video que circula en redes sociales se observa a la madre de los niños desesperada y pidiendo ayuda para poder encontrar el paradero de sus hijos: "Necesito ayuda de la gente".

Inmediatamente se activó un operativo de búsqueda a nivel nacional. Cámaras de seguridad, drones, patrullas aéreas, terrestres y hasta la Armada Nacional participaron en el rastreo del automóvil en el que huyó Morosini: un BYD rojo, que fue detectado por última vez en el departamento de Río Negro. La comunidad se movilizó intensamente compartiendo fotos de los menores, mientras las autoridades mantenían un cerco en zonas rurales y cursos de agua.

Después de varios días sin resultados, la búsqueda culminó trágicamente el viernes siguiente, cuando buzos especializados encontraron el vehículo sumergido en el arroyo Don Esteban, cerca de la ciudad de Young. En su interior estaban los cuerpos de Andrés Morosini y sus dos hijos. El hallazgo confirmó el peor de los temores y provocó una ola de dolor, incredulidad e indignación en todo el país.

El fiscal del caso y la policía investigan las circunstancias exactas de la muerte, pero todo apunta a una acción premeditada por parte de Morosini, quien había planificado la ruta y posiblemente eligió el lugar del desenlace. La familia materna de los niños, así como organizaciones feministas y sociales, exigieron justicia y reclamaron medidas más firmes para prevenir este tipo de tragedias.

Este caso dejó al descubierto las falencias en los sistemas de protección frente a la violencia intrafamiliar. Las alarmas estaban encendidas: había denuncias, medidas judiciales y antecedentes, pero aún así no se logró evitar un desenlace fatal. Andrés Morosini pasará a la historia del país como el autor de uno de los crímenes más desgarradores de los últimos años, y su historia se convierte en un llamado urgente a no mirar hacia otro lado cuando hay señales de violencia en el entorno familiar.

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