Autoridades, ambientalistas y residentes analizan el futuro de un espacio que combina proyección cultural con preocupaciones ecológicas.

Noticias Cali.

La decisión de convertir la Calle 25 en el nuevo eje central de los eventos de la Feria de Cali ha desencadenado un amplio debate sobre el futuro de este corredor urbano.

Lo que inicialmente fue presentado como una estrategia de revitalización se ha convertido en un punto de encuentro —y de choque— entre propuestas de desarrollo, intereses económicos y preocupaciones ambientales profundamente arraigadas en la comunidad.

Un corredor estratégico que entra en escena

Durante años, la Calle 25 ha sido vista como un tramo subutilizado, con deterioro visible en su espacio público y con un potencial poco explotado para la integración cultural y turística.

La administración municipal sostiene que trasladar los desfiles más emblemáticos de la Feria a este sector permitirá impulsar procesos de mejoramiento urbano, activar su economía local y vincular a barrios tradicionalmente asociados con la salsa, como el Obrero, en un circuito cultural más sólido.

El argumento central es que la Feria puede funcionar como un catalizador de renovación. Equipamientos temporales, intervenciones de embellecimiento y un aumento de visitantes tendrían el potencial de dinamizar el comercio, atraer inversión y dejar una plataforma para futuros proyectos de recuperación del entorno.

Promesas de movilidad y control logístico

La Alcaldía ha insistido en que el montaje sobre la Calle 25 fue planeado con antelación, apoyado en análisis de movilidad, seguridad y tránsito peatonal. Se contempla un despliegue robusto de personal operativo, reconfiguración de rutas vehiculares y una reducción en la cantidad de graderías inicialmente previstas, con el fin de disminuir la ocupación sobre áreas verdes y facilitar los flujos del público.

La intención es demostrar que el corredor no solo puede acoger los eventos, sino funcionar como un espacio ordenado y seguro durante los días más intensos de la Feria.

El punto más sensible: el corredor verde

El anuncio de que una porción de los árboles jóvenes sería reubicada para permitir la instalación de estructura temporal encendió la respuesta de colectivos ambientales y residentes que consideran el corredor verde como un patrimonio natural en construcción.

Aunque la administración asegura que no habrá tala indiscriminada y que los ejemplares trasladados contarán con acompañamiento técnico y medidas de compensación, persiste el temor a que parte de la vegetación no sobreviva al procedimiento.

Además, organizaciones ciudadanas sostienen que convertir un eje ecológico en un escenario masivo contradice la esencia misma del proyecto ambiental que representa la Calle 25.

Para ellos, los riesgos superan los beneficios y el uso del espacio debería fortalecerse desde la sostenibilidad y no desde la ocupación temporal de alto impacto.Impacto económico y social: expectativas versus realidad. Uno de los puntos más promovidos por la Alcaldía es el potencial económico del cambio. Se proyecta mayor ocupación hotelera, dinamización de ventas informales y formales, y una posible revitalización del entorno del barrio Obrero, reconocido por su tradición salsera.

Sin embargo, analistas y líderes comunitarios señalan que estos beneficios deben ser evaluados con evidencia posterior a la Feria y con estudios de impacto reales que determinen si la estrategia efectivamente impulsa desarrollo sostenido, o si se trata de un impulso pasajero sin efectos duraderos.

Un debate que marcará el futuro de la zona

El desplazamiento de la Feria hacia la Calle 25 abre un capítulo determinante para esta zona de Cali.

El resultado no dependerá solo de lo que ocurra durante los días del evento, sino de la manera en que la ciudad gestione el antes y el después: la protección de la vegetación trasladada, la calidad de las obras de recuperación, el cumplimiento de las promesas ambientales, y la articulación con las comunidades que viven y trabajan en el entorno.

De ello depende que la Calle 25 se consolide como un corredor urbano revitalizado o, por el contrario, como un escenario de tensiones que exija replantear el rumbo de su transformación.