El colapso de una torre del edificio Ariguaní, en Cali, dejó a Cristina Ramírez sin vivienda, sin el espacio donde desarrollaba su emprendimiento y, días después, también sin el vehículo con el que realizaba parte de su trabajo.
Junto con sus hermanos, Cristina avanza en la demolición manual de lo que quedó de su casa. Lo hace así principalmente por falta de recursos, pero también para no afectar la vivienda de su vecino, Alberto Valencia, de 81 años, cuya propiedad también resultó gravemente afectada por el colapso.
La propiedad de Cristina había sido antes una sola casa, luego dividida en dos viviendas que compartían estructura con la de Alberto. Por eso, Cristina decidió no aceptar inicialmente una demolición con maquinaria ofrecida por la Alcaldía, pues consideraba que podía comprometer la parte de la estructura que aún conservaba la vivienda de su vecino.
Yo no pienso solo en mí, yo pienso en don Alberto
Una casa que ahora intenta demoler con sus propias manos
La prioridad de Cristina es terminar de retirar lo que queda de la casa, sacar los escombros y cerrar el lote. La reconstrucción todavía parece lejana: no cuenta con los recursos económicos para levantar de nuevo su vivienda y necesita antes resolver las condiciones básicas de seguridad del terreno, además de conseguir materiales como hierro, arena, cemento y ladrillos.
En el caso de Alberto, el segundo piso de su vivienda tuvo que ser demolido y, según su testimonio, debió recurrir a un préstamo para adelantar esos trabajos. Ahora necesita materiales y acompañamiento para reforzar la parte de la casa que permanece en pie.
Su casa también era el lugar donde trabajaba
Antes de la emergencia, Cristina había convertido parte de su casa en el espacio donde desarrollaba su emprendimiento. Es maquilladora profesional y micropigmentadora, realiza procedimientos de cejas y labios, maquillaje y masajes, y una parte importante de sus ingresos provenía de los servicios que prestaba desde su vivienda, además de los trabajos a domicilio.
Días después del terremoto le robaron su carro
Mientras Cristina y su familia adelantaban el proceso de censo tras la emergencia, dejaron estacionado su vehículo en el sector de la Tercera C. Según relata, aproximadamente 20 minutos después regresaron y el carro ya no estaba.
Se trataba de un Kia Picanto modelo 2023 que también usaba para desplazarse a los domicilios de sus clientes. El vehículo no estaba asegurado en ese momento, pues Cristina atravesaba dificultades económicas y el seguro había vencido. Desde entonces, el carro no ha aparecido.
La meta es volver a trabajar
Antes de la emergencia, Cristina había viajado a Ecuador para acompañar a su esposo, quien sufrió un accidente y necesitó una cirugía de meseta tibial con injerto de hueso de la cadera. Mientras sostenía su emprendimiento y atendía las necesidades de su familia, decidió alquilar su vivienda; el terremoto cambió de nuevo sus planes.
Cristina busca ahora un lugar donde retomar su actividad y generar ingresos mientras avanza en la recuperación de su vivienda. Sus hermanos continúan ayudándola con la demolición y el retiro de escombros, mientras Alberto espera apoyo para conseguir los materiales que necesita para recuperar su vivienda.