"Como era invierno no le presté mucha atención y se lo adjudiqué a eso", dijo la joven antes de enterarse de la dura enfermedad que le diagnosticaron.
Noticias Internacional.
Cuando Mariana Godoy tenía 22 años de edad padeció de algunos síntomas, como dolor en el pecho, cansancio y fiebre, los cuales asoció a un cuadro gripal producto del invierno que para la época azotaba a gran parte de la Argentina, su país natal.
"El pecho me seguía doliendo y ya no podía dormir del lado izquierdo. A fines de agosto, de rutina, nos hicimos análisis de sangre con mi hermana gemela. Siempre nos daban muy similares, pero en esa oportunidad todos mis valores estaban alterados", dijo Mariana sobre aquella vez que fue al médico para verificar su estado de salud.
Los especialistas que analizaron sus exámenes médicos le sugirieron que le hicieran una tomografía. Una vez le dieron los resultados fue a consulta y el dictamen que le dieron fue devastador: linfoma de Hodgkin en estadio 2, un tipo de cáncer que se origina en los ganglios linfáticos.
"Tenía una incertidumbre total, estaba desorientada, necesitaba información. Yo no tenía ningún antecedente de tener problemas de salud, ni siquiera me habían operado en 22 años. No tomaba alcohol ni drogas, no tenía sobrepeso, ningún factor de riesgo en mi estilo de vida", expresó Mariana cuando le fue diagnosticada la enfermedad.
Después de un mes del diagnóstico, Mariana asistió a su primera quimioterapia, la cual constaba de 6 ciclos, con doce sesiones distribuidas en 6 meses: "En algún momento pensé en la muerte. Por más trillado que parezca, recuerdo entre quimio y quimio estar sola en una plaza, me daba el sol en la cara, escuchaba los gritos y risas de chicos jugando y se me cruzó por la cabeza que podía ser una de las últimas veces que iba a tener esas percepciones. Lo disfruté igual, fue como una despedida, pero también una revelación de los afortunados que somos teniendo salud y no nos damos cuenta de lo hermoso de lo cotidiano".
Esa etapa de su vida no fue nada fácil para ella, pero contó con la ayuda de su psicooncóloga para avanzar y no desfallecer: "Siento que transité una oscuridad importante esos meses… Efectivamente, iba todo bien, pero fue muy difícil asimilarlo. Mi psicooncóloga, que es mi terapeuta hasta el día de hoy, me acompañó en todos mis procesos, me explicó muchas cosas desde lo emocional que quizás los médicos no le dan tanta importancia".
Las quimioterapias finalizaron y en julio de 2012 recibió la noticia de que el cáncer se había ido.
A partir de ese momento, ella tomó la decisión de convertirse en voluntaria en La Asociación Civil Linfomas Argentina (ACLA), entidad dedicada a brindar información y apoyo a quienes luchan contra el cáncer: "Desde que es parte de ACLA, Maru viene demostrando una vocación de servicio. Su empatía y su calidez lograron que cada vez vengan más personas a las reuniones que organizamos".
Trece años después de su está esperando su primer hijo, un bebé fruto de su relación con Juan Ignacio, a quien conoció hace 4 años: "Termina siendo el triunfo de la vida. Como le dije a mi médico cuando le conté del embarazo, esto no hubiera sido posible si yo no me hubiera curado, sin eso mi hijo no existiría, la vida insiste una y otra vez".
Su deseo ahora es poder criar a un hijo feliz y aportarle su experiencia a todas aquellas personas que atraviesan una situación similar a la que ella vivió, trabajando como psicooncóloga.
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