¿De quién se trata?
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En Linden, un rincón tranquilo del estado de Nueva Jersey, vive un hombre que ha sorprendido al país entero: Luis Cano, un colombiano de 111 años que hoy ostenta el título de la persona más longeva de los Estados Unidos. Su historia, cargada de humildad, trabajo y agradecimiento, se ha convertido en un motivo de orgullo para la comunidad latina y, especialmente, para Colombia.
Don Luis nació en Andes, un municipio cafetero en el corazón del suroeste antioqueño. Allí, durante su juventud, trabajó como cultivador de café en la finca de sus padres, una labor que realizó con dedicación y que marcó profundamente su carácter. Fue ese oficio, asegura, el que forjó su disciplina y su capacidad para disfrutar de las cosas simples de la vida.
A sus 111 años, conserva una lucidez admirable y una rutina que considera sagrada. “Todas las mañanas, cuando me levanto de la cama, me persigno”, dice con serenidad, como quien sabe que cada amanecer es un regalo. Ese gesto humilde, afirma, es su forma de agradecer por un día más, por la salud que lo acompaña y por la familia que sigue a su lado.
Una de sus hijas asegura que don Luis todos los días duerme temprano y se levanta temprano.
En su hogar en Nueva Jersey, hay una placa conmemorativa que certifica su título como la persona de mayor edad en los Estados Unidos, un reconocimiento que emociona a su familia y que él recibe con naturalidad. “Yo no sé cómo llegué hasta aquí, pero aquí estoy”, comenta entre risas, demostrando que la longevidad no le ha robado ni la calma ni el sentido del humor.
Luis Cano es padre de diez hijos, abuelo de cinco nietos y tatarabuelo de dos pequeños que hoy son parte de su orgullo más grande. Sus descendientes lo describen como un hombre bondadoso, conciliador y dueño de una sabiduría sencilla pero profunda, aprendida a pulso en el campo y reforzada con los años.
Cuando le preguntan por el secreto de su larga vida, él responde sin pensar: “Vivir bien con todos”. Para don Luis, la clave ha sido la convivencia pacífica, la gratitud, el respeto y la capacidad de mantener un corazón tranquilo. “No pelear, no guardar rencor”, dice. Ese es su legado: una vida extraordinaria construida desde lo más simple, y una historia que hoy trasciende fronteras.
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