La Cumbre, municipio del Valle del Cauca ubicado a más de 1.500 metros sobre el nivel del mar, cuenta con una única parroquia dedicada a San José, patrono del lugar. El pasado 10 de agosto, a las 7:34 de la mañana, un terremoto sacudió con fuerza al municipio mientras la jornada transcurría con normalidad.
El sismo afectó gravemente la estructura del templo y de la casa cural, que se encuentra contigua a la parroquia. Tras una evaluación preliminar, se confirmó que la edificación religiosa deberá ser demolida por los daños causados.
El sacerdote se quedó junto a su madre
El padre Harold Arias Ortiz se encontraba en la casa cural junto a su madre, que tiene movilidad reducida, cuando ocurrió el sismo. El sacerdote decidió permanecer a su lado durante el movimiento telúrico.
No me iría sin ella.
Después del susto, el padre Harold salió y encontró el templo destruido. En menos de dos minutos había perdido su vivienda y también la parroquia que la Iglesia Católica le había encomendado custodiar.
Mientras la comunidad observaba los daños en el templo, al sacerdote le informaron que una de sus feligresas había perdido su casa. El padre fue a buscarla y la encontró relatando con tranquilidad lo ocurrido con su vivienda, hasta que le preguntó por la parroquia.
Vi cómo su sonrisa, que no se había borrado con el relato de su casa, se borraba cuando le contaba lo del templo. Para ella, la Iglesia simboliza más que un simple lugar de encuentro.
De regreso en la casa cural, el padre Harold, junto con otras personas, revisó qué elementos podían recuperarse. Lo que estaba en buen estado fue donado a quienes habían perdido todo por el terremoto.
La segunda reconstrucción del templo
No es la primera vez que La Cumbre debe reconstruir su parroquia. Según cuentan en el municipio, hace años el templo, entonces construido en madera, fue consumido por un incendio que se originó durante una proyección de cine para niños en el mismo lugar.
El padre Harold señaló que, entre los elementos destinados al templo, había una cerámica que sería instalada como parte de un proceso de embellecimiento y que por fortuna aún no había sido puesta. Esa pieza permanece intacta y, para el sacerdote, representa un punto de partida para la reconstrucción de la parroquia San José.