Hay lugares que terminan convirtiéndose en parte de la memoria de una ciudad. La Unidad Residencial Guadalupe, en el sur de Cali, fue durante años uno de esos espacios: un conjunto de 48 apartamentos donde transcurrió la vida cotidiana de numerosas familias.

Ahora, más de un mes después del terremoto del 10 de agosto, esa historia empieza a quedar atrás.

Este viernes 18 de septiembre, las máquinas llegaron a la calle 3 con carrera 56 para iniciar la demolición de la estructura, una de las primeras edificaciones incluidas en el proceso de retiro de inmuebles afectados por el sismo.

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La escena marca un nuevo momento dentro de la emergencia. Después de las evaluaciones, las restricciones de acceso y la incertidumbre sobre el futuro de las estructuras afectadas, Guadalupe comenzó a desaparecer físicamente del paisaje de Cali.

No se trata de una demolición que terminará en unas horas. Los trabajos están previstos para extenderse durante aproximadamente cuatro semanas y se realizarán de manera mecánica y controlada.

Antes de las máquinas, las revisiones

En este tipo de intervenciones, una de las preocupaciones fue saber qué podía permanecer dentro de las edificaciones.

Después del terremoto, equipos de protección animal, la Defensa Civil y otras organizaciones realizaron recorridos para identificar posibles animales que pudieran haber quedado atrapados o refugiados en las estructuras.

Unidad Residencial Guadalupe
Unidad Residencial Guadalupe Foto: Alcaldía de Cali.

También se hicieron procesos de ahuyentamiento antes de las demoliciones para evitar que perros, gatos u otros animales, así como fauna silvestre, pudieran resultar afectados. Siga leyendo: Torsión, desplazamiento y humedad: lo que ya habían identificado en el edificio Arábico y ahora hay riesgo de colapso y cierre vial

La revisión hizo parte de los preparativos antes de que las máquinas comenzaran a intervenir Guadalupe.

Una demolición que también deja escombros de una emergencia

El trabajo está a cargo de Atila Implosiones y Demoliciones. Para intervenir las estructuras se utilizan máquinas especializadas: una con un alcance aproximado de 15 metros y otra de 13 toneladas, destinada a labores a nivel del suelo, repique, recolección y disposición de los escombros.

Pero detrás de cada tonelada de material retirado hay una historia distinta.

Para quienes vivían en Guadalupe, la demolición no representa solamente el retiro de una estructura deteriorada. Significa también dejar atrás un lugar que fue hogar y que quedó marcado por un terremoto que obligó a muchas familias a cambiar sus rutinas y buscar dónde continuar su vida.

La desaparición física del edificio no borra esa historia. Al contrario, convierte a Guadalupe en una de las huellas visibles de lo que dejó el sismo en Cali.

Durante la jornada del viernes también avanzó la intervención del antiguo Motel Molino Rojo. Estas obras se suman a la demolición que previamente se realizó en el sector de Cuarto de Legua.

Las tres intervenciones hacen parte de un proceso más amplio que busca retirar estructuras afectadas y que, según las evaluaciones, requieren ser demolidas para avanzar posteriormente hacia la recuperación de los espacios.

El tamaño de la emergencia

El panorama de Guadalupe hace parte de una afectación mucho mayor.

Con corte al 27 de agosto, se habían realizado visitas detalladas a 1.216 edificaciones que reportaron daños después del terremoto.

De acuerdo con ese balance, 315 fueron clasificadas como habitables, 548 como no habitables y 321 como de uso restringido.

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Además, se verificó el colapso total de 24 edificaciones y el colapso parcial de otras 365.

Cada una de esas cifras representa una estructura, pero también puede representar una familia, un negocio, un espacio de encuentro o años de historia.

Por eso, mientras la maquinaria avanza sobre Guadalupe, también queda una pregunta más grande para la ciudad: cómo recuperar los espacios afectados y, sobre todo, cómo acompañar a quienes tuvieron que dejar atrás sus viviendas después del terremoto.