En Guacarí aún se escucha su historia.
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En el corazón del Valle del Cauca, donde los atardeceres tiñen los cañaduzales de oro y las aguas del río murmuran secretos antiguos, nació una de las leyendas más poderosas del territorio: la historia de Huakar, la diosa protectora de los pueblos y guardiana del río.
Esta leyenda, transmitida por generaciones en Guacarí, habla de una mujer escogida por los dioses en tiempos de caos. Una deidad nacida de la luna, del trueno y del sacrificio, cuya esencia aún recorre las corrientes del Cauca y los sueños de quienes habitan sus riberas.
La noche en que el cielo se quebró
Cuenta la tradición oral que hace muchos siglos, durante una noche de luna llena, el valle dormía en calma. Los bosques susurraban, los animales descansaban y el río fluía con serenidad. De pronto, el cielo se oscureció. Las nubes negras cubrieron la luna y los dioses lanzaron rayos tan potentes que hicieron temblar la tierra.
Las tribus, temerosas, miraban cómo el fuego consumía los árboles y el agua se desbordaba. La naturaleza parecía perder su equilibrio, y el fin se sentía cercano.
Fue entonces cuando, desde el resplandor de la luna, descendió una figura envuelta en luz: Huakar, la mujer elegida, la que habría de devolver el orden al mundo
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El sacrificio de la diosa
Huakar caminó entre las llamas y el caos con serenidad. Su voz calmó los vientos y sus pasos apagaron el fuego. Se acercó al río Cauca, que rugía con fuerza desbordada, y lo abrazó con sus brazos extendidos.
Consciente de que la única forma de restaurar la armonía era unirse a la corriente de la vida, Huakar se lanzó al río, entregando su cuerpo y su espíritu a las aguas.
Desde entonces, los guacariceños creen que su alma habita en el río Cauca, recorriéndolo en forma de garza blanca, símbolo de pureza y protección. En las noches de luna llena, dicen que su silueta se refleja sobre el agua, como una luz que guía, sana y guarda.
El árbol sagrado y el poder femenino
La leyenda también habla del árbol sagrado de los Himalayas, un símbolo que representa la conexión entre el cielo, la tierra y el espíritu. Desde su copa, Huakar observa los caminos del valle, protegiendo a quienes respetan la naturaleza y la vida.
Su figura no solo es vista como la de una diosa, sino también como la madre espiritual del territorio, la encarnación de la fuerza femenina que da y protege la existencia. Para las comunidades ancestrales del Valle del Cauca, Huakar representa la unión entre el agua, la luna y la mujer: tres fuentes de poder, misterio y creación.
Huakar en la memoria de Guacarí
Hoy, la historia de Huakar forma parte de la identidad cultural de Guacarí, un municipio que lleva en su nombre la memoria del mito y en su gente el respeto por la tierra y el río.
Durante las noches tranquilas, los pobladores aseguran escuchar el canto del agua y el aleteo suave de una garza. Algunos dicen que es el suspiro de Huakar, recordando a los hombres su promesa: Cuidar la vida, honrar el agua y mantener la paz entre la tierra y el cielo.
Porque aunque los siglos pasen, la diosa Huakar sigue viva. Vive en los ríos, en los montes, en las voces de los abuelos que aún cuentan su historia. Vive, sobre todo, en el espíritu del Valle del Cauca, donde cada corriente lleva su nombre y cada luna recuerda su luz.
Vea:
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