Ir a Juanchaco es encontrarse con dos realidades: la del turismo que florece cada temporada de avistamiento de ballenas y la de una comunidad que ve cómo la erosión costera se va comiendo, poco a poco, su territorio.

Noticias Valle.

En los últimos meses, las fuertes mareas y el avance del mar han destruido viviendas, afectado negocios y obligado a la comunidad a recurrir a soluciones de emergencia para evitar que la playa, su principal atractivo, desaparezca por completo.

De acuerdo con reportes recientes, la línea de costa ha retrocedido de forma acelerada, afectando entre 20 y 30 viviendas en distintos periodos y dejando más de 200 familias perjudicadas por los daños en infraestructura.

Algunos muros se resisten a caer aunque estén casi debilitados. Foto: Juan Cuesta Hasta el suelo pareciera levantarse, advirtiendo que poco a poco la marea crecerá más de lo normal. Foto: Juan Cuesta.

En algunos sectores, el mar ha ganado hasta 100 metros de terreno en menos de un año, comprometiendo caminos, zonas residenciales y estructuras turísticas claves para la economía local.

"A la alcaldesa de Buenaventura no le interesa nada de lo que está pasando aquí", afirma con desidia don Anunciación, nativo de Juanchaco en Bahía Málaga.

En el caso del señor Anunciación, tenía un restaurante que funcionaba y atendían turistas, sin embargo, un día tras una embestida que arribó a su local familiar, vio como el sueño que construyó por 60 años terminó en ruinas.

La comunidad, sin recursos para enfrentar un fenómeno de esta magnitud, ha tenido que levantar barreras improvisadas con sacos de arena, zanjas y trincheras, estrategias que apenas frenan temporalmente el avance del agua.

El panorama es totalmente desolado cuando la marea sube. Foto: Juan Cuesta. A los rededores, algunas casas se mantienen y algunas familias se resisten a desplazarse esperando respuesta gubernamental. Foto: Juan Cuesta.

"A mí me da hasta vergūenza con el turista que pase y vea una cosa de estas", añade don Anunciación. Aunque la Alcaldía de Buenaventura y la Gobernación del Valle declararon la zona en calamidad pública y han enviado ayudas, estas solo permiten contener por días lo que se ha convertido en una amenaza permanente.

Expertos advierten que Juanchaco necesita obras de ingeniería costera, estudios técnicos completos y una estrategia de protección ambiental que incluya restauración de manglares, recuperación de dunas y medidas de adaptación comunitaria. Sin una intervención estructural, el riesgo persistirá y el mar podría seguir avanzando hasta comprometer por completo el muelle, la zona hotelera y el tejido económico basado en el turismo.

Casas abandonadas, huyendo a una realidad imposible de ignorar. Foto: Juan Cuesta. Don Anunciación tenía un restaurante familiar desde hace 60 años y atendía en promedio 30 turistas diariamente. Foto: Juan Cuesta.

Mientras tanto, los habitantes como don Nacimiento piden acciones urgentes. Saben que la erosión ya no es un problema estacional, sino un fenómeno que persigue a Juanchaco año tras año y que, de no atenderse de fondo, puede borrar del mapa uno de los destinos más representativos del Pacífico colombiano.

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