Ubicada en un punto emblemático de Cali, esta mansión guarda más de un siglo de transformaciones y un vínculo inesperado con uno de los negocios más recordados del país, impulsado por el empresario Eduardo Roballo.
Noticias Cali.
Aunque hoy pasa desapercibida para muchos, esta mansión construida en 1928 fue escenario de una historia que mezcla tradición caleña, cine, comercio y el nacimiento de una marca que marcó generaciones.
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En el corazón de Cali existe una casa antigua que muchos han visto, pero pocos conocen realmente su historia. Es una edificación elegante, de estilo clásico, que con el paso del tiempo ha resistido transformaciones urbanas, remodelaciones y el olvido de muchos transeúntes que pasan frente a ella sin imaginar lo que representa.
Lo que pocos saben es que en este edificio funcionó la primera sede de Kokoriko en Cali, un lugar clave en la historia comercial de la ciudad y que estuvo ligado directamente al empresario Eduardo Roballo, propietario de la cadena de pollos, quien falleció el 21 de marzo de 2026.
Sin embargo, la historia de esta casa no comienza con Kokoriko. Su origen se remonta a más de un siglo atrás, cuando Cali todavía tenía sectores semirrurales y amplios terrenos cultivables.

Antes de ser una mansión, fue un enorme solar con cultivos y agua del río
Para comprender el valor de este lugar, hay que retroceder hasta el año 1891, cuando en este punto de la ciudad vivían las hermanas Aurora y Matilde Sarasti.
En ese entonces, el sector no era como hoy. No existía una construcción sofisticada, sino un gran terreno que se extendía desde la Avenida Sexta hacia el fondo, con aproximadamente:
- 70 metros de profundidad
- 45 metros de amplitud
Era prácticamente una zona campestre donde se cultivaban caña de azúcar, plátano y árboles frutales, rodeada por abundante naturaleza y aves.
Un detalle que sorprende es que por la parte trasera pasaba un brazo del río Cali, conocido como Río Nuevo o Río Chiquito, y los habitantes del lugar construyeron un canal para extraer agua y abastecer la vivienda.
Una tragedia familiar y la venta de la propiedad
Ese mismo año, Matilde Sarasti enfrentó un duro golpe personal: había enviudado tras la muerte de su esposo, Edward Gregory, un ciudadano inglés que habría llegado a Colombia para liderar procesos musicales dentro de un batallón militar, recordando que en aquella época muchos músicos pertenecían a las fuerzas armadas.
Con el tiempo, tras el fallecimiento de una de las propietarias, se tomó la decisión de vender la propiedad. Posteriormente, el terreno fue reducido y sufrió transformaciones.
De hecho, se dice que la vivienda original tenía nueve ventanas, pero hoy solo se conservan tres, debido a reformas realizadas años después.
La mansión que se terminó en 1928 y aún sigue en pi
El momento decisivo llegó en 1928, cuando un italiano llamado Donato di Domenico, reconocido cineasta, compró el lote y construyó la mansión que hoy se mantiene como una de las joyas arquitectónicas de la Cali antigua.
Según la historia, di Domenico financió esta construcción luego de vender el Teatro Colombia a Cine Colombia. Con ese dinero dejó atrás el mundo del cine y levantó esta propiedad, que con el tiempo se convertiría en un punto icónico de la ciudad.
Aunque el edificio ha tenido modificaciones —como el recorte de una parte lateral— aún conserva rasgos que permiten reconocer su valor histórico.
Un lugar lleno de comercio y vida antes de Kokoriko
Después de la muerte de Donato di Domenico, el edificio pasó por varios propietarios, entre ellos Enrico Ligaraldo y Jesús Gutiérrez, además de otros dueños y arrendatarios.
Durante años, la parte inferior fue alquilada y allí funcionaron negocios tradicionales muy recordados por los caleños, como:
- El Bodegón
- La Fontana (granero)
- Estancos
- La Casa Azul
- Otros locales comerciales
Fue un lugar con constante movimiento, donde la ciudad iba creciendo y modernizándose a su alrededor.
En 1971 llegó Kokoriko: Eduardo Roballo marcó un antes y un después
La historia dio un giro en 1971, cuando el empresario Eduardo Roballo compró el edificio y decidió instalar allí el primer punto de Kokoriko en Cali, en el marco de los Juegos Panamericanos.
Ese momento no solo marcó el inicio de una etapa comercial importante para la marca en el Valle del Cauca, sino que convirtió esta casa en un punto histórico: un lugar donde se mezclaron la tradición arquitectónica con el auge empresarial y gastronómico.
Con los años, Kokoriko se consolidó como una de las cadenas más reconocidas de Colombia, y este edificio quedó como testigo silencioso de ese crecimiento.
Un edificio que cumplirá 100 años en 2028
Aunque hoy la casa luce algo descuidada, sigue siendo una de las mansiones antiguas más llamativas que sobreviven en Cali. Su historia refleja el paso del tiempo: de terreno rural a mansión italiana, de comercio tradicional a sede de una cadena nacional.
Si se conserva, esta edificación cumplirá 100 años en 2028, convirtiéndose en una pieza invaluable del patrimonio urbano.




























