La comunidad se cansó de ver cómo la basura se tragaba su entorno.

Noticias Valle.

A Viva Voz Valle es una alianza por el fortalecimiento del periodismo regional en el suroccidente colombiano. En un hito sin precedentes el proyecto celebró la graduación de su primera cohorte de líderes de opinión digital, consolidando una iniciativa impulsada por el Grupo Agroindustrial Riopaila Castilla, la Fundación Promigas – GDO Gases de Occidente y nuestro portal TuBarco News.

Gracias a esta sinergia, más de 40 periodistas provenientes del Valle del Cauca y el norte del Cauca recibieron formación especializada en áreas clave del ecosistema digital. El proceso incluyó capacitación en lucha contra las Fake News, SEO, uso estratégico de redes sociales, Analytics, expresión oral y corporal, así como en la producción de video reportajes con enfoque en contenido de valor.

Durante la formación, los participantes no solo perfeccionaron sus habilidades narrativas, sino que también aprendieron a visibilizar el impacto social y los logros de las empresas y comunidades que documentan. Como fruto de este trabajo, 10 periodistas de Cali y otros municipios del Valle fueron reconocidos por sus reportajes destacados, seleccionados por su creatividad, profundidad informativa y capacidad de conectar emocionalmente con sus audiencias.

Uno de los reportajes más exitosos es 'Reciclaje puerta a puerta a gestionar residuos para Riopaila Castilla - Funmocilapa', del periodista Rubén Cardona, del Diario Norte Hoy, que expone que con un triciclo y un bafle lograron frenar la contaminación en el corregimiento de La Paila, ubicado en el municipio de Zarzal, norte del Valle del Cauca.

Cómo frenaron la contaminación con un bafle y un triciclo en La Paila (Valle del Cauca)

En las polvorientas calles de La Paila el sonido de un parlante sobre un triciclo rompió la rutina. No se trataba de propaganda política ni de una oferta comercial. Era el llamado de una comunidad cansada de ver cómo la basura se tragaba su entorno.

Así nació Funmocilapa, una organización ciudadana que convirtió un vehículo de tres ruedas y un bafle en la chispa de una revolución ambiental. Lo que comenzó como un acto de rebeldía contra la indiferencia, hoy se consolida como uno de los modelos más exitosos de reciclaje comunitario en el suroccidente colombiano.

Cuando el plástico llegó al límite

Durante años, los residuos sólidos se acumularon sin control. Los vecinos no separaban la basura, y toneladas de plástico terminaban en los ríos y caños cercanos. Frente a esa realidad, un grupo de habitantes decidió actuar por su cuenta.

Sin financiación ni maquinaria, adaptaron un triciclo y le instalaron un bafle con batería recargable. Recorrieron el pueblo puerta a puerta, recogiendo reciclaje y difundiendo un mensaje claro: “Reciclemos, salvemos el planeta”. Con música, educación y perseverancia, lograron que el sonido del parlante se convirtiera en sinónimo de conciencia ambiental.

“Al principio la gente pensaba que estábamos locos”, cuenta uno de los fundadores. “Pero luego comenzaron a esperarnos con bolsas de plástico, cartón y vidrio en la mano. Nos dimos cuenta de que el cambio era posible”.

Del activismo a la acción organizada

El proyecto creció. Funmocilapa se presentó a un fondo concursable de la empresa azucarera Río Paila Castilla y ganó. Con esos recursos, rehabilitaron una casa abandonada y la convirtieron en su primer centro de acopio. Allí, clasifican, almacenan y preparan los materiales reciclables para su correcta disposición.

El impacto fue tal que la propia compañía les entregó la administración de cinco Unidades Temporales de Residuos dentro de su planta industrial. Hoy, esta organización ciudadana clasifica desechos ordinarios, eléctricos, químicos y reciclables con protocolos técnicos y trazabilidad, como cualquier operador ambiental formal.

Gracias a este sistema, han recuperado más de 20 toneladas de residuos que antes se perdían o contaminaban fuentes hídricas.

Energía solar y expansión regional

Ahora, Funmocilapa trabaja en un nuevo objetivo: diseñar un triciclo ecológico impulsado por energía solar para hacer aún más sostenible su operación. Además, aspiran a replicar el modelo en otros municipios como Cartago y Tuluá, donde ya han comenzado a capacitar líderes comunitarios.

Paralelo a la recolección, desarrollan campañas educativas como bingos ambientales, reciclatones y actividades lúdicas con colegios y juntas de acción comunal. Su apuesta no es solo por reducir residuos, sino por transformar la cultura ciudadana en torno al medio ambiente.

Un ejemplo que trasciende

Funmocilapa ha dejado de ser una simple organización. Hoy es un símbolo de lo que se puede lograr cuando la comunidad se une por un propósito mayor. Su historia demuestra que no se necesitan millones de pesos ni respaldo político para hacer una revolución ambiental: basta un poco de ingenio, voluntad y mucho corazón.

Desde La Paila, este movimiento está desafiando el modelo tradicional de gestión de residuos y demostrando que los grandes cambios empiezan con acciones pequeñas.

Porque si en La Paila frenaron la contaminación con un triciclo y un bafle, ¿qué esperamos el resto del país para activar nuestros propios procesos de reciclaje comunitario?

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