Entre maíz, recetas heredadas y productos locales, Amasijo apuesta por la memoria y la identidad cultural.
Noticias Cali.
Hay historias que no se cuentan con palabras, sino con sabores. Historias que se transmiten alrededor del fogón, entre ollas humeantes, manos expertas y recetas que pasan de generación en generación. En Cali, Andrés decidió convertir esa herencia familiar en una propuesta gastronómica con identidad, sentido y memoria.
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Su proyecto nació inspirado en sus abuelos paternos y maternos, quienes desde la cocina dejaron una huella profunda en su vida. De ese recuerdo surgió Amasijo, un restaurante que une en un mismo espacio las tradiciones del Pacífico colombiano y la región Andina, como una forma de honrar a quienes enseñaron que cocinar también es una manera de amar.
"Amasijo nace desde un propósito cultural, también un poco la memoria de nuestras tradiciones lo que es el maíz, lo que es mucho los productos que vemos en muchas de las ciudades y pueblo como el pan de bono, los buñuelos, arepas, tamales, entonces ese como el proposito principal", señaló Andrés.
Más que un restaurante tradicional, Amasijo funciona como un laboratorio culinario donde dialogan dos territorios fundamentales del país. Por un lado, la fuerza y profundidad del Pacífico; por el otro, los sabores hogareños y las técnicas ancestrales de la zona Andina. El resultado es una cocina que no copia recetas, sino que las interpreta con respeto y conciencia.
El maíz ocupa un lugar central en esta propuesta. No solo como ingrediente, sino como símbolo de origen, identidad y memoria colectiva. En cada preparación se recuerda que este alimento ha sido parte esencial de la historia alimentaria de Colombia y de las familias que crecieron alrededor de él.
El proyecto también tiene un enfoque pedagógico. Andrés busca generar conciencia sobre la importancia de una alimentación responsable, el uso de ingredientes locales y el respeto por la tierra. Por eso trabaja de la mano con pequeños cultivadores que conservan semillas nativas y prácticas agrícolas limpias, fortaleciendo la economía local y dignificando el trabajo campesino. Cada plato cuenta una historia que conecta territorio, cultura y bienestar.
El homenaje no se limita a la cocina. Amasijo funciona en una casa ubicada en el barrio San Antonio, un espacio pensado para transportar a los visitantes a un Cali de antaño, ese donde los abuelos transformaban ingredientes simples en verdaderas maravillas. La experiencia invita a detenerse, recordar y reflexionar sobre el valor de las tradiciones heredadas.
En tiempos donde todo avanza a gran velocidad, Amasijo propone volver al origen: honrar a los abuelos, cuidar la memoria culinaria y entender que preservar la tradición también es una forma de construir futuro.
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