La historia de Colombia está llena de proyectos sociales que marcaron un antes y un después para miles de personas. Uno de ellos fue sin duda la Granja Infantil del Padre Luna, un orfanato como también le llaman ubicada en el municipio de Albán, Cundinamarca.

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En Colombia las ruinas de un orfanato o granja infantil como se le conoció hace 60 años. fue hogar y escuela para más de 170 mil niños y niñas en estado de vulnerabilidad, hoy yace en el olvido, deteriorado por el paso del tiempo.

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Gracias a una reciente visita del YouTuber colombiano Kevin Bolaños, quien documentó la experiencia en su canal, hemos podido redescubrir este espacio lleno de historia, disciplina y esperanza. Acompañado de don Domingo, un exalumno que vivió en la granja, Kevin nos guía por los rincones que una vez fueron refugio y hogar para miles de menores

¿Qué eran las granjas del Padre Luna?

Este proyecto fue fundado en 1936 por el sacerdote Joaquín Luna Serrano, oriundo de San Andrés, Santander. Al llegar a Bogotá, el padre Luna quedó profundamente conmovido al ver a tantos niños en situación de calle, muchos de ellos desplazados por la violencia. Fue entonces cuando nació la idea de crear espacios integrales de formación: hogar, escuela y trabajo.

La primera granja fue precisamente la de Albán, Cundinamarca, conocida como la Granja del Gran Ciudadano. Luego, se establecieron más de 30 granjas en todo el país.

La vida en la granja no era fácil, pero sí transformadora. Según cuenta don Domingo:

“Nos levantábamos entre las 4:30 y 4:45 a.m. Hacíamos los aseos, desayunábamos y nos íbamos al colegio. En la tarde, trabajábamos o hacíamos deporte. Teníamos una rutina que nos enseñaba disciplina, responsabilidad y amor propio.”

Los niños se organizaban por edades: los más pequeños, los varones y las niñas estaban en espacios separados. Había alojamientos, lavandería, zapatería, comedores, y hasta espacios de estudio en el segundo piso. Todo estaba pensado para una formación integral.

Las niñas también tenían su lugar

A unos 7 minutos caminando, se encontraba la granja femenina, hoy totalmente cubierta por la maleza. Allí vivían entre 70 y 80 niñas, con espacios diseñados para su formación y cuidado. Aunque ya no queda mucho en pie, quienes vivieron allí recuerdan con emoción su paso por esta institución.

“Es triste ver esto consumido por la manigua, pero alegra saber cuántas vidas se transformaron aquí”, comenta don Domingo con nostalgia.

Formación con trabajo y valores

Los niños no solo estudiaban, también trabajaban en labores del campo. Desde ordeñar vacas hasta colaborar con los trabajadores agrícolas. El objetivo era claro: formar ciudadanos útiles, con principios y habilidades prácticas.

Kevin Bolaños, mientras recorre el lugar, muestra cómo los vestigios del pasado aún hablan por sí mismos: lockers, roperos, habitaciones, e incluso animales que aún habitan la finca, ahora al cuidado de don Francisco, un hombre que vela por lo poco que queda.

En el video, Kevin reflexiona sobre el potencial que aún tiene este lugar. Lugares como este podrían ser reaprovechados por universidades o instituciones educativas para continuar con su legado de formación y servicio.

“Ojalá alguna institución vea el potencial de este espacio para convertirlo nuevamente en un lugar de enseñanza y transformación”, expresó don Francisco.