Lo que empezó como una venta informal en los semáforos de Cali, hoy es una empresa legalmente constituida que crece con esfuerzo, disciplina y un equipo comprometido. Macamaní se prepara para dar el salto hacia la exportación.
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Tras quedarse sin empleo, Jenny Rosero encontró en el maní que preparaba su madre la oportunidad de emprender. Con trabajo constante y apoyo de su equipo, Macamaní pasó de las calles a los autoservicios y ahora apunta a mercados internacionales.
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Macamaní es hoy una empresa caleña que representa un ejemplo de resiliencia, disciplina y emprendimiento. Detrás de esta marca está Jenny Rosero, una mujer que comenzó vendiendo maní en los semáforos y que, con esfuerzo y apoyo de su familia, logró transformar una receta tradicional en un negocio formal que actualmente se proyecta hacia la exportación.
Esta es la historia de cómo una dificultad se convirtió en oportunidad y cómo una familia nunca bajó los brazos.
De quedarse sin empleo a emprender con una receta familiar
Todo comenzó cuando Jenny Rosero se quedó sin trabajo. En medio de la incertidumbre y “con las manos vacías”, surgió una idea que cambiaría su vida: recordar el maní que su madre preparaba en casa.
Esa receta familiar se convirtió en el punto de partida de Macamaní, una marca que empezó con lo más básico: vender paquetes de maní en la calle y en pequeños comercios del barrio.
“Empecé vendiendo en semáforos, pequeñas tiendas”, recuerda Jenny, quien recorrió Cali tocando puertas con la esperanza de que algún día su producto llegara más lejos.

Macamaní: del semáforo a los autoservicios en Cali
A medida que el negocio fue creciendo, Jenny intentó ingresar a autoservicios y tiendas más grandes, pero se encontró con una barrera común para muchos emprendedores: la falta de formalización.
Los autoservicios le dijeron que no podía vender allí si no estaba legalmente constituida. Fue entonces cuando acudió a la Cámara de Comercio, donde recibió orientación para legalizar su empresa.
Ese paso fue clave para abrir nuevas oportunidades comerciales.
Con el tiempo, Macamaní dejó de ser solo un producto vendido en la calle y se convirtió en una empresa estructurada que pasó de pequeñas tiendas a autoservicios, y ahora está en camino de alcanzar mercados internacionales.
En el marco del Día del Valor Empresarial, que se conmemora este 30 de abril, la historia de Macamaní cobra un significado especial. Esta fecha hace parte de una campaña impulsada por la Cámara de Comercio de Cali, que busca destacar cómo las empresas no solo producen bienes o servicios, sino que se convierten en motores de transformación social.


Y es que el verdadero valor, según el mensaje central de la iniciativa, está en una pregunta clave: ¿cómo el hecho de que una empresa abra sus puertas cada mañana cambia el futuro de sus colaboradores y de la sociedad en general?
Macamaní es un ejemplo claro. No solo porque nació desde la informalidad, sino porque hoy representa un modelo de crecimiento empresarial que impacta directamente a quienes trabajan allí y a sus familias.
Más que empleo: dignidad y futuro
Para la Cámara de Comercio de Cali, el valor empresarial también se mide en dignidad. La campaña resalta que el trabajo formal es una de las herramientas más poderosas para reducir desigualdades, pues cuando una empresa crece, también crece la mesa del colaborador, la educación de sus hijos y las oportunidades del territorio.
Ese mensaje se refleja en los testimonios de trabajadores como Jesús David Chávez, jefe de producción, y Nathalie Hernández, quien participa en los procesos de expansión hacia la exportación.
Ambos coinciden en que Macamaní no es solo un lugar de trabajo, sino una escuela y una familia, donde el crecimiento se vive de manera colectiva.


Y Macamaní, nacida desde una dificultad personal, hoy demuestra que abrir puertas cada mañana es un acto de resistencia económica, compromiso social y transformación.



























