El joven que creyó en su sueño y conquistó la 'Sucursal del cielo' con La Costillota Asados al Barril.

Noticias Cali.

Hace apenas dos años, Wilson Escobar, un joven de 33 años nacido en Samaniego, Nariño, decidió emprender un camino que muchos creyeron imposible. Con una carpa, dos mesas y un barril que él mismo adaptó como asador, dio inicio a un sueño que pocos entendieron, pero que él visualizó con claridad: convertir su pasión por el sabor en una empresa que generara empleo, identidad y orgullo.

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“Me decían que no duraba ni cinco días, que eso de hacer costillas en la calle no iba a funcionar. Pero yo pensaba diferente. Tenía fe, ganas, y sabía que si uno pone amor y constancia, los resultados llegan”, recuerda Wilson mientras observa el bullicio de su restaurante principal, hoy con capacidad para más de 300 personas.

El sueño nació en una esquina de Cali

Todo comenzó en el barrio Villa Colombia, en el oriente de Cali. Allí, Wilson armó su pequeño puesto y empezó a vender costillas ahumadas en La Costillota Asados al Barril. Durante los primeros días, las ventas fueron escasas, pero una noche ocurrió algo inesperado: una publicación en redes sociales se volvió viral. La gente empezó a llegar de todas partes de la ciudad: en moto, en carro, a pie. Las filas eran interminables y el olor del ahumado se volvió inconfundible en el sector. Aquel barril, que representaba una idea sencilla, se transformó en un símbolo de esfuerzo, creatividad y sabor.

De la calle al crecimiento empresarial

La Costillota Asados al Barril creció tan rápido que Wilson tuvo que alquilar una casa cercana para adaptarla como restaurante. Luego, alquiló la esquina donde todo comenzó y la convirtió en su local principal, con tres niveles proyectados. Hoy no solo tiene ese espacio, sino también dos restaurantes adicionales en Cali, y ya planea su expansión hacia Antioquia, “la tierra del chicharrón y el chorizo”, como él mismo la llama.

Innovación, sabor y precios justos

Wilson no solo se concentró en el crecimiento físico de su negocio; también pensó en cómo hacerlo accesible para todos. Sus platos, pensados para familias, estudiantes y trabajadores, van desde 15 mil pesos en porciones generosas de 250 gramos, ofreciendo calidad, sabor y economía: “Quise que todos pudieran disfrutar de buena comida sin gastar tanto. No se trata solo de vender, sino de hacer feliz a la gente que trabaja duro y busca algo rico y justo para su bolsillo”, dice.

Su menú incluye costilla, chicharrón y pollo ahumado, preparados en barriles diseñados por él mismo, inspirados en los ahumadores texanos. A diario, pasa de vender ocho kilos en sus inicios a mover una tonelada de carne. Detrás de cada plato hay una receta con historia y un toque personal que ha conquistado los paladares caleños.

Un impacto que trasciende el negocio

Lo que comenzó como un sueño individual hoy se ha convertido en una empresa que genera más de 50 empleos directos, además de decenas de trabajos indirectos en proveedores, transporte y producción. Su familia también se sumó a la aventura: sus hermanos, inspirados por su ejemplo, abrieron restaurantes bajo la misma línea. Wilson se siente agradecido con Cali, ciudad que lo acogió y donde pudo transformar su visión en una oportunidad de vida para muchos.

“A veces lo más difícil no es empezar, sino resistir la envidia, la duda y la falta de fe de los demás. Pero cuando uno cree en uno mismo y no deja de trabajar, el éxito llega. Yo le debo todo a mi familia, a mis clientes y a esta ciudad que me dio la mano”, afirma.

El futuro: una marca con propósito

Con apenas 33 años, Wilson sueña ahora con convertir La Costillota Asados al Barril en una marca nacional. Ya ha recibido propuestas de franquicia y planea abrir su primer local fuera del Valle del Cauca. Su historia inspira a una nueva generación de emprendedores que entienden que los sueños se construyen con disciplina y visión.

Desde un barril hasta un emporio gastronómico, Wilson Escobar demostró que el éxito no siempre nace de grandes capitales, sino de grandes creencias. Porque cuando el talento se mezcla con fe, trabajo y amor por lo que se hace, incluso una esquina puede convertirse en una cadena de restaurantes que lleva el sabor de un sueño hecho realidad.

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