Ambos, condenados a cadena perpetua.
Noticias Internacionales.
Lo que parecía una historia de éxito y glamour en redes sociales terminó en tragedia y cárcel. Lucy, una de las trillizas conocidas en internet como las “Mia Triplets”, fue condenada a cadena perpetua junto a su pareja Oliver, tras ser hallada culpable de asesinato y fraude en un caso que ha sacudido tanto a Canadá como a Europa. Las hermanas, que se hicieron famosas por subir contenido en trajes de baño y ropa interior, eran hijas de una poderosa empresaria china-canadiense. Pero detrás de la imagen de lujo, había una historia marcada por abandono, presión extrema y decisiones fatales.
Nacidas en 1995 en China, Lucy y sus hermanas, Kylin y Jane, fueron criadas por familiares mientras sus padres emigraban a Canadá en busca de fortuna. A los siete años, finalmente se reunieron con ellos en Vancouver, donde su madre, Winnie, se convirtió en una empresaria multimillonaria del sector financiero. Bajo su crianza estricta —típica de la llamada “madre tigre”— las trillizas fueron obligadas a destacar en todo, incluso fundaron una ONG a los 13 años. Sin embargo, Lucy siempre fue considerada la “débil” del trío: tuvo problemas académicos, una adolescencia turbulenta y una relación tóxica con Oliver, su primer amor.
Pese a que estudió empresariales bajo presión materna, Lucy se sintió agotada y decidió tomar un descanso financiado con $5.000 mensuales por su madre. Durante ese periodo, las trillizas crecieron como influencers en Instagram y TikTok. Lucy retomó contacto con Oliver, quien había estado en prisión por homicidio involuntario tras un accidente de tránsito en 2012. Sin revelar sus vínculos criminales, él y Lucy se reencontraron, se casaron para viajar juntos durante la pandemia y comenzaron una vida aparentemente lujosa, pero en realidad financiada por fraudes y engaños.
En Canadá, Oliver convenció a un exnarcotraficante, Tyler Prat, de invertir $400.000 en un negocio ficticio de insumos médicos. Tyler, emocionado por el supuesto negocio, ya había invertido alrededor de 40,000 dólares adicionales, y no había recibido ningún retorno. Lucy participó activamente en el esquema: redactó cheques falsos, usó el nombre de su madre y creó una supuesta póliza de seguros para ganarse la confianza de Tyler y su novia, Jordi, quien estaba embarazada. Cuando Tyler empezó a sospechar y exigió el dinero, la pareja temió represalias y decidió acabar con él y su pareja. El 28 de febrero de 2021 los citaron en un almacén y les tendieron una trampa mortal: Tyler murió y Jordi sobrevivió de milagro y logró identificar a los atacantes.
Tras el crimen, Lucy y Oliver huyeron por varios países de Europa del Este con pasaportes falsos. Se ocultaron en Hungría durante dos meses, convencidos de que ya nadie los buscaba, pero fueron arrestados gracias a una denuncia anónima. Lucy fue enviada a Canadá, donde adoptó una actitud frívola, pidiendo un jet privado y quejándose de la comida en prisión. Fue liberada temporalmente bajo fianza millonaria pagada por su madre, pero volvió a la cárcel por violar las condiciones judiciales. En juicio, intentó culpar a Oliver, pero las pruebas fueron contundentes: ADN, videos, mensajes y testigos la incriminaban.
El tribunal condenó a ambos a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional en 25 años. La historia de Lucy, la “trilliza sexy” convertida en asesina, dejó a la opinión pública dividida. Algunos apuntaron que Tyler (traficante de drogas) no era precisamente una víctima ejemplar, pero otros recordaron que intentaba dejar su pasado atrás. Para muchos, el caso es un recordatorio inquietante de cómo las redes sociales pueden maquillar vidas rotas por dentro, y de cómo las decisiones, la presión familiar y el deseo de aprobación pueden llevar incluso al crimen más extremo.
Acá, un informe de TuBarco:
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