La mujer de 79 años no sobrevivió a las heridas del ataque que también mató al exlíder supremo; la bebé tenía 14 meses.
Noticias Internacional.
La tensión en Medio Oriente alcanzó un nuevo punto crítico tras confirmarse la muerte de Mansoureh Khojasteh Bagherzadeh, esposa del fallecido exlíder supremo de la República Islámica, Alí Jamenei, quien sucumbió este lunes a las graves heridas provocadas por el ataque militar conjunto de Estados Unidos y Israel contra territorio iraní. La mujer, de 79 años, permanecía en coma desde el bombardeo que también acabó con la vida del ayatolá el sábado anterior. Medios locales confirmaron además la muerte de la nieta de la pareja, una niña de apenas 14 meses, elevando el impacto emocional y político del ataque.
Según la agencia iraní Tasnim, Khojasteh Bagherzadeh recibió atención médica inmediata tras la ofensiva pero no logró sobrevivir a la gravedad de las lesiones. Su muerte representa un golpe simbólico para el régimen y para la población iraní, que observa cómo la familia del exlíder se convirtió en víctima directa de una escalada militar sin precedentes. La pérdida de la bebé, cuya identidad no fue revelada por motivos de seguridad, ha profundizado la indignación en diversos sectores del país.

En paralelo, el gobierno de Irán respondió con una ofensiva masiva que, según los Guardianes de la Revolución, ha tenido como objetivos principales instalaciones estratégicas vinculadas tanto a Estados Unidos como a Israel. De acuerdo con este cuerpo militar, desde el sábado se han atacado más de 500 objetivos militares y 60 infraestructuras consideradas “clave” para las operaciones de ambos países en la región. La intensidad de la reacción iraní confirma que Teherán no está dispuesto a permitir que la muerte de Jamenei y su familia quede sin consecuencia.
Los Guardianes detallaron que la operación incluyó el lanzamiento de más de 700 drones y cientos de misiles, en una demostración de fuerza sin precedentes. Aunque no se han revelado cifras de daños con precisión, medios regionales señalan que los ataques han generado tensión diplomática inmediata y han obligado a que la comunidad internacional busque vías de mediación para evitar un conflicto mayor. La ofensiva marca uno de los episodios militares más agresivos liderados por Irán en las últimas décadas.
El ataque inicial contra territorio iraní, atribuido a fuerzas estadounidenses e israelíes, habría tenido como objetivo neutralizar posiciones estratégicas vinculadas al programa militar de Teherán. Sin embargo, la muerte del exlíder supremo y de dos integrantes de su familia ha generado críticas sobre la proporcionalidad de la operación y ha encendido cuestionamientos sobre el alcance real de los objetivos militares. Tanto Washington como Jerusalén han evitado pronunciarse en detalle sobre la operación, limitándose a justificar su acción en nombre de la seguridad regional.
Mientras el mundo observa con preocupación la escalada, expertos advierten que la muerte de figuras tan simbólicas podría convertir la crisis actual en un conflicto aún más amplio. Con la estructura política iraní intentando reorganizarse tras la desaparición de Jamenei y con una población profundamente afectada por las pérdidas, el riesgo de una respuesta prolongada y más contundente permanece latente. Por ahora, la región se encuentra nuevamente al borde de una crisis de gran magnitud, marcada por el dolor, la incertidumbre y un escenario militar que evoluciona con rapidez.
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