A cambio de la salvación eterna, pide una casa y un carro.
En Zinacantán, un pequeño municipio del estado de Chiapas, México, un pastor evangélico autodenominado “profeta” ha encendido las redes sociales y desatado un profundo debate ético y religioso.
Su nombre es Juan Hernández López y su discurso, viralizado a través de TikTok, promete la salvación eterna a quienes le entreguen una casa, un carro… o incluso un helicóptero.
La insólita oferta apareció en un video que ya supera los 1.9 millones de reproducciones, en el que el “profeta” hace un llamado directo a empresarios y personas con alto poder adquisitivo para que “siembren” en su ministerio con estos bienes materiales.
“Por eso necesitamos que siembren ricos”, sentenció Hernández López con tono firme y sin titubeos.
Según explica, estos bienes serían utilizados para llevar la palabra de Dios a las zonas más remotas del estado.
Una labor que, según él, requiere de medios de transporte avanzados. Lo que en otro contexto podría sonar como un proyecto logístico, aquí se presenta revestido de misticismo: el intercambio no es solo por infraestructura, sino por el acceso a la eternidad.
Reacciones: entre la burla, la indignación y la defensa
Los usuarios no tardaron en responder con sarcasmo, molestia y crítica abierta:
“El verdadero profeta Juan andaba a pie y no en carro.” “Más que pastor parece político.” “La vida eterna a cambio de un carro. Qué ofertón.” “¿Y si mejor trabajas para comprarte tu casa y tu helicóptero?”
Otros, más conciliadores, intentaron justificarlo: “Tal vez no se expresó bien, pero su intención es válida.” Sin embargo, la mayoría coincide en señalar una preocupante tendencia: mercantilizar la fe.
Este no es el primer episodio de este tipo. Meses atrás, el mismo pastor pidió públicamente zapatos, una pantalla y un celular, y recibió respuesta solidaria de algunos seguidores. Pero su más reciente escalada de exigencias ha marcado un punto de quiebre.
¿Fe o negocio?
El caso ha abierto un debate profundo sobre los límites de la religiosidad popular, especialmente en comunidades donde el acceso a la educación y a los servicios básicos es limitado, y la figura del pastor representa una autoridad casi incuestionable.
Aunque Hernández López insiste en que su intención es puramente espiritual y misionera, muchos analistas y creyentes advierten que se está utilizando la promesa de la vida eterna como una moneda de cambio para obtener beneficios personales. Una práctica que bordea el abuso espiritual y que desdibuja la esencia misma de la fe cristiana.
¿Hasta dónde puede llegar un “profeta” en nombre de Dios?
En tiempos donde las redes sociales amplifican todo tipo de discursos, este caso pone en evidencia la necesidad de una mayor vigilancia, pero también de formación ética y teológica dentro de muchas comunidades religiosas. Porque cuando se cruzan las líneas entre lo espiritual y lo económico, el precio que se paga no es una casa ni un carro, sino la credibilidad de la fe.