Construida en 1905 por un inmigrante libanés que llegó al Valle del Cauca huyendo de la guerra, Casa Escocia conserva más de un siglo de historias familiares, cabalgatas, montañas y el recuerdo de un pueblo que comenzó a crecer junto al ferrocarril.
Noticias Valle.
Antes de que el ruido de los carros llegara a las montañas del Valle del Cauca, antes de que existieran las carreteras y cuando alrededor solo había prados y neblina, Casa Escocia ya observaba el paisaje desde lo alto de La Cumbre.
La vivienda fue terminada en 1905. En ese entonces el municipio apenas comenzaba a transformarse con la llegada del Ferrocarril del Pacífico y gran parte de los materiales todavía debían subir por caminos de montaña a lomo de mula.
La madera, los detalles y la estructura de la casa sobrevivieron al paso del tiempo. Y más de un siglo después, la historia todavía sigue viva entre corredores antiguos, jardines húmedos y recuerdos que nunca abandonaron el lugar.
El hombre que llegó huyendo de la guerra
Todo comenzó con José Miguel Curis. Había nacido en Líbano y llegó a Colombia a finales del siglo XIX escapando de los conflictos religiosos que atravesaba su país.
Cuenta la familia que originalmente su destino era Cartagena. Sin embargo, el barco en el que viajaba hizo una parada en Buenaventura y la embarcación lo dejó allí.
A diferencia de muchos extranjeros que llegaban como marinos o aventureros, José Miguel ya era un hombre formado profesionalmente. Pero buscaba comenzar de nuevo lejos de la guerra. Tiempo después recorrió a caballo las montañas del Valle del Cauca y terminó enamorándose de estas tierras.
“Conoció esa montaña y decidió comprar tierras aquí”, recuerda una de sus bisnietas mientras recorre lentamente la casa.
Entonces construyó su refugio. Una casa levantada antes del progreso. La línea férrea pasó por La Cumbre en 1903. Dos años después, Casa Escocia quedó terminada.
En aquella época no existían vehículos y transportar materiales hasta la montaña era una tarea compleja. Por eso, buena parte de la construcción llegó cargada en mulas que recorrían caminos estrechos entre neblina y bosque.
La casa terminó convirtiéndose en una de las primeras viviendas tradicionales del municipio, levantada en una época en la que varias familias extranjeras —especialmente libanesas— comenzaban a instalarse en la zona atraídas por el clima y el desarrollo que prometía el tren.
“Esto es para compartir y no para repartir”. Pero el verdadero valor de Casa Escocia no está únicamente en su antigüedad. Está en la memoria. Generación tras generación, la familia decidió conservar intacta una frase que terminó convirtiéndose en el corazón de la casa: “Esto es para compartir y no para repartir”.
Mientras muchas propiedades antiguas desaparecieron o fueron divididas con el tiempo, la familia eligió mantener la vivienda como un punto de encuentro. Por eso, aún hoy, nietos y bisnietos siguen regresando a dicha casa histórica.
La casa que también pertenece al pueblo
Con el paso de los años, Casa Escocia dejó de ser importante únicamente para la familia Curis. Se convirtió también en parte de la memoria colectiva del municipio. Muchos habitantes la reconocen como una de las viviendas patrimoniales más representativas de La Cumbre.
Por eso, cuando decidieron restaurar sus colores, realizaron una dinámica en redes sociales para preguntarle a la comunidad cómo imaginaban la casa. Entre varias propuestas, terminó ganando una combinación de tonos azules y amarillos, inspirada en las tradicionales viviendas de estilo europeo campestre, muy similares a algunas fachadas antiguas de pueblos escoceses y zonas rurales del norte del continente.
“En esa época no había inteligencia artificial que dijera qué colores poner”, recuerdan entre risas. Entonces comenzaron a llegar propuestas de personas que habían crecido viendo la casa desde pequeñas y que sentían un cariño especial por ella. La restauración terminó siendo también una forma de recordar.
La vida entre montañas
Hace cerca de diez años, una de las descendientes decidió regresar definitivamente a vivir allí. Desde entonces, asegura que la montaña transformó su manera de entender la vida. Y quizás esa sea la razón por la que Casa Escocia todavía resiste.
Porque más allá de la madera, las ventanas antiguas o la arquitectura centenaria, la casa sigue funcionando como refugio. Como memoria, como punto de unión. Un siglo después, la historia continúa
Hoy La Cumbre es reconocido como uno de los municipios más tranquilos y turísticos del Valle del Cauca. Pero mucho antes de que llegaran los visitantes, el frío y el paisaje ya habían enamorado a quienes decidieron quedarse para siempre en estas montañas.
La misma casa que vio pasar el tren, crecer el pueblo y reunirse a generaciones enteras alrededor de una idea sencilla que todavía sigue intacta:
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