Aunque el empleo en Cali muestra mejoras, las mujeres siguen ganando menos, enfrentan mayor desempleo y cargan con el trabajo no remunerado, según cifras recientes del DANE.
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En Cali, ser mujer y tener empleo no garantiza las mismas condiciones que para los hombres. En 2025, ellas ganaron en promedio un 15% menos, una brecha que sigue marcando el mercado laboral en la ciudad.
Esta diferencia no solo se refleja en el salario mensual. También se traduce en menos estabilidad, menor acceso a empleos formales y mayores dificultades para crecer profesionalmente.
En la práctica, esto significa que muchas mujeres, incluso con la misma formación o experiencia, reciben menos ingresos por el mismo trabajo.
El desempleo también tiene rostro femenino
La desigualdad no empieza con el salario, sino desde el acceso al empleo.
Según datos del DANE, a nivel nacional la tasa de desempleo femenino ha sido consistentemente más alta. Por ejemplo, en 2025 alcanzó cerca del 10,6% frente al 6,7% en hombres.

Incluso en otros periodos del mismo año, la diferencia es evidente: en el trimestre enero-marzo, el desempleo femenino llegó a 13,9%, frente al 8% de los hombres.

Aunque Cali ha mostrado una reducción general del desempleo, esto no elimina la brecha: las mujeres siguen teniendo más dificultades para conseguir trabajo.
La informalidad: una salida obligada
Ante la falta de oportunidades formales, muchas mujeres terminan en la informalidad.
Esto implica trabajos sin contrato, sin seguridad social y con ingresos inestables. En Colombia, gran parte del empleo que se ha generado recientemente está ligado a este tipo de ocupaciones.
En la vida cotidiana, esto se traduce en ventas informales, emprendimientos por necesidad o trabajos por cuenta propia que no siempre garantizan estabilidad económica.
El peso invisible: trabajar sin salario
A esto se suma un factor clave que muchas veces no aparece en las estadísticas económicas: el trabajo no remunerado.
Las mujeres dedican casi el doble de tiempo que los hombres a tareas como el cuidado del hogar, los hijos o familiares.
Este tiempo limita sus oportunidades laborales. Muchas deben elegir empleos más flexibles (y generalmente peor pagos) o incluso salir del mercado laboral.
En ciudades como Cali, donde muchas mujeres son cabeza de hogar, esta carga tiene un impacto directo en su calidad de vida.
Hay otra realidad que preocupa en Cali y Yumbo. Cerca de 500 mil personas sobreviven en la informalidad, trabajando sin prestaciones, sin estabilidad y sin garantías laborales. Es la cara oculta del empleo en esta fecha de conmemoración.
— Telepacífico Noticias (@TPNoticias_) May 1, 2026
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Una brecha que se siente en lo cotidiano
Más allá de las cifras, estas desigualdades se reflejan en situaciones concretas:
- Ingresos que no alcanzan para cubrir necesidades básicas.
- Menor acceso a ahorro o pensión
- Dificultades para equilibrar trabajo y vida personal
En conjunto, la brecha salarial, el desempleo y la informalidad no son problemas aislados, sino partes de una misma realidad que afecta la autonomía económica de las mujeres.
Un desafío que sigue vigente
Aunque el mercado laboral ha mostrado avances, las cifras evidencian que la igualdad aún está lejos de alcanzarse.
Reducir estas brechas no solo implica generar empleo, sino también mejorar su calidad, redistribuir las cargas de cuidado y garantizar condiciones equitativas.
Mientras esto no ocurra, para muchas mujeres en Cali, trabajar seguirá significando hacer más… por menos.
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