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El caso de Lindsay Clancy, la mujer de Massachusetts acusada de matar a sus tres hijos, terminó sin un veredicto después de que el jurado no lograra ponerse de acuerdo sobre su responsabilidad penal.

El 24 de enero de 2023, Clancy, entonces de 32 años, estaba en su vivienda en Duxbury con Cora, de cinco años; Dawson, de tres; y Callan, de ocho meses. Patrick Clancy, su esposo, salió de la casa para recoger comida y pasar por una farmacia. Al regresar, encontró a los tres niños muertos en el sótano, con bandas de ejercicio alrededor del cuello. Lindsay había saltado desde una ventana del segundo piso y sobrevivió, aunque quedó paralizada de cintura para abajo.

La Fiscalía sostuvo que Lindsay aprovechó el tiempo en que Patrick estuvo fuera para ejecutar un plan. Entre las pruebas presentó búsquedas en internet relacionadas con suicidio, salud mental y tratamientos psiquiátricos, además de datos sobre los tiempos del recorrido de su esposo.

La defensa argumentó que Lindsay sufría una grave enfermedad mental y que atravesaba una psicosis posparto que le impedía comprender la naturaleza de sus actos. Su deterioro había comenzado meses antes, después del nacimiento de su tercer hijo, y había recibido múltiples tratamientos psiquiátricos.

El juicio terminó en septiembre de 2026 con el jurado dividido. Once de los 12 miembros se inclinaban por considerarla no responsable por enfermedad mental, mientras uno mantenía una posición contraria. El juez declaró el juicio nulo y ahora deberá definirse si Lindsay enfrentará un nuevo proceso.

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