El inmueble ya había sido catalogado de alto riesgo tras los sismos de 1985 y 2017.
Noticias Internacionales.
El lunes 9 de marzo de 2025, alrededor de la 1:30 de la tarde, tres losas del edificio ubicado en San Antonio Abad 124, en la alcaldía Cuauhtémoc, colapsaron repentinamente durante una demolición controlada. El saldo: tres trabajadores muertos y uno sobreviviente que logró salir entre los escombros. Pero esta tragedia no fue un accidente imprevisto, sino el resultado de décadas de advertencias ignoradas.
La estructura llevaba más de cuatro décadas acumulando daños. Desde el devastador terremoto de 1985, el edificio había sufrido fracturas internas que se agravaron con el sismo del 19 de septiembre de 2017. Especialistas en ingeniería estructural advierten que un edificio que sobrevive a varios sismos no necesariamente se vuelve más resistente; por el contrario, acumula daños internos invisibles que se convierten en riesgos mayores.
Como una advertencia silenciosa en medio de la ciudad, el inmueble permanecía en pie mientras las decisiones necesarias se aplazaban año tras año. No se usaba, pero tampoco desaparecía.
El momento del colapso
Más de 20 trabajadores se encontraban realizando labores de demolición cuando, en cuestión de segundos, parte de la estructura se vino abajo. Una cámara de seguridad capturó el momento exacto: una nube de polvo cada vez más grande mientras los pisos colapsaban uno tras otro.
Cuatro trabajadores quedaron atrapados bajo los escombros. Elementos del Heroico Cuerpo de Bomberos, Protección Civil, policías y paramédicos acudieron de inmediato para iniciar las labores de rescate. Las condiciones eran extremadamente peligrosas: el uso de maquinaria pesada podría provocar más colapsos, por lo que gran parte del trabajo inicial se realizó de forma manual.
Las víctimas y el único sobreviviente
La operación de rescate se extendió durante toda la noche y la madrugada del 10 de marzo. El balance final fue trágico: tres personas perdieron la vida, con edades de 40, 33 y 30 años, originarios de Hidalgo, Veracruz y el Estado de México.
Ángel Miranda fue el único sobreviviente. Con más de 10 años de experiencia en construcción, narró cómo logró salvarse: «Oímos que una barda cayó y se nos hizo muy raro, no pudimos reaccionar rápido, todo se vino abajo. Lo que hice fue empezar a quitar las piedras de mi cuerpo y empezar a apuntalar o hacer un camino». Miranda sufrió heridas en la boca y contusiones en la cabeza, pero afortunadamente sin gravedad.
Un símbolo de negligencia urbana
En una ciudad donde los riesgos estructurales se discuten desde hace décadas, este edificio se convirtió en un símbolo incómodo de cómo las decisiones sobre seguridad urbana pueden quedar atrapadas entre trámites, responsabilidades compartidas y demoras administrativas.
La jefa de gobierno, Clara Brugada, manifestó que se iniciaría una investigación sobre lo ocurrido, pero la pregunta permanece: ¿por qué se permitió que este edificio permaneciera en pie durante tantos años cuando las señales de peligro eran evidentes?
Tres familias lloran hoy a sus seres queridos en una tragedia que pudo y debió evitarse. El edificio de San Antonio Abad finalmente colapsó, pero no por los terremotos que sobrevivió, sino por décadas de inacción y advertencias ignoradas.
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