Una de las peores tragedias viales en la historia de Colombia parece haber quedado sepultada no solo bajo toneladas de tierra, sino también en la memoria del país. Ocurrió el 28 de junio de 1974, cuando un gigantesco deslizamiento sepultó a cientos de personas que esperaban avanzar por la antigua carretera entre Bogotá y Villavicencio. La emergencia ocurrió en el sector de Quebrada Blanca, en Guayabetal, Cundinamarca, y fue descrita por el youtuber Kevin Bolaños como «la tragedia que Colombia olvidó».

Bolaños reconstruyó lo sucedido durante una visita a la vereda La Meseta, donde conversó con habitantes que presenciaron el desastre y recorrió los lugares que todavía conservan sus huellas. En su investigación mencionó que la cifra de fallecidos habría sido cercana a las 500 personas, aunque solamente se recuperaron 27 cuerpos.

Los problemas en la zona habían comenzado semanas antes, con crecientes de la quebrada Blanca que provocaron derrumbes y destruyeron un puente de concreto. Ante la inestabilidad del terreno, las autoridades y el Ejército adelantaron trabajos que incluyeron perforaciones y detonaciones con dinamita. Uno de los habitantes entrevistados aseguró que las explosiones generaban fuertes vibraciones y habrían contribuido al desprendimiento de la montaña.

La montaña cayó sobre una carretera llena de vehículos

La tarde de la tragedia, la vía tenía largas filas de vehículos debido a los cierres. Además, comenzaba el puente festivo de San Pedro, por lo que se movilizaban familias, buses de pasajeros y camiones que transportaban ganado, cerdos y alimentos. Según los testimonios recogidos por Bolaños, después de permitir el paso de varios vehículos oficiales que viajaban hacia Pereira, el tránsito volvió a detenerse mientras un bulldozer retiraba material de la carretera. En ese momento comenzó el desprendimiento que arrasó con todo en cuestión de minutos.

Los habitantes describieron cómo algunos vehículos fueron lanzados por la presión del aire y otros terminaron en la quebrada o quedaron sepultados bajo la tierra. Varias personas intentaron protegerse dentro de unas tuberías de drenaje de aproximadamente 36 pulgadas, pero quedaron atrapadas. Según las estimaciones del Servicio Geológico Colombiano citadas por Bolaños, el deslizamiento movilizó entre 500.000 y un millón de metros cúbicos de tierra y rocas.

Las labores de rescate fueron especialmente difíciles por la cantidad de material acumulado. Cerca de media hora después del derrumbe cayó un fuerte aguacero que hizo crecer la quebrada y removió parte de la tierra, dejando al descubierto algunos cuerpos. Los 27 cadáveres recuperados fueron enterrados y el lugar quedó declarado Campo Santo. Los testimonios de los habitantes señalan que cientos de personas habrían permanecido sepultadas sin que fuera posible recuperar sus restos.

El desastre destruyó aproximadamente 700 metros de carretera y también provocó una crisis de abastecimiento de alimentos en Villavicencio. Para recuperar la conexión entre Bogotá y esa ciudad se construyó una variante definitiva que incluyó dos túneles y un puente de 114 metros. Mientras avanzaban las obras, los viajeros tuvieron que utilizar caminos peatonales y hacer transbordos durante varios meses.

Más de 50 años después, la quebrada continúa dejando al descubierto restos de vehículos, huesos y estructuras que quedaron enterrados. Uno de los habitantes le contó a Bolaños que el agua ha ido revelando esos elementos con el paso del tiempo: «La quebrada ha ido destapando eso año tras año, todos los años destapa partes». Pero hay otro aspecto que llamó la atención durante la investigación: en el lugar no existe un monumento, una placa ni algún elemento conmemorativo que recuerde a las víctimas. Pese a que Bolaños la presenta como la peor tragedia vial en la historia del país, los habitantes lamentan que, después de más de cinco décadas, no haya un reconocimiento que mantenga viva la memoria de quienes murieron aquel 28 de junio de 1974.