Sofía llevaba apenas un mes viviendo en el edificio Ana Pilar cuando el terremoto del 10 de agosto cambió su vida. Estaba en el quinto piso, dormida, cuando despertó pese a que la alarma de su celular no había sonado. Intentó bajar por las escaleras, pero cayó y no pudo volver a levantarse. Poco después, la estructura colapsó y quedó atrapada entre los escombros.
Sofía recuerda que permaneció allí mientras pensaba en sus vecinos y en las personas que conocía. Quería salir y ayudar, pero su cuerpo no respondía. Cerca de media hora después, otras personas lograron encontrarla.
Desde entonces, dice que su manera de mirar la vida cambió: caminar, reír, llorar y poder hacer las cosas cotidianas adquirieron un significado distinto después de pensar que quizá no volvería a hacerlo.
La tragedia también se llevó parte de los planes que tenía para su futuro. En el apartamento estaban sus ahorros, dinero que había destinado a sus estudios y que perdió tras el colapso. Ahora debe comenzar prácticamente desde cero, pero mantiene su intención de estudiar Psicología y algún día utilizar esa profesión para ayudar a otras personas.
El reencuentro que volvió a unir a sobrevivientes y rescatista del Ana Pilar
También reconoce que, después de sobrevivir, en ocasiones se pregunta por qué ella pudo salir con vida mientras otras personas no tuvieron la misma oportunidad.
Su madre, Mónica, vivió el terremoto desde Estados Unidos. Durante horas intentó comunicarse con Sofía, sin obtener respuesta, hasta que recibió un video en el que pudo ver el edificio destruido. Más tarde, una enfermera del hospital de Siloé la llamó y le confirmó que su hija estaba viva. Para ambas comenzó entonces otra etapa: enfrentar las consecuencias de lo ocurrido y tratar de reconstruir una vida que, para Sofía, hoy se sostiene en una idea sencilla pero profunda: seguir adelante, un día a la vez.
Su madre, Mónica, vivió el terremoto desde Estados Unidos. Durante horas intentó comunicarse con Sofía, sin obtener respuesta, hasta que recibió un video en el que pudo ver el edificio destruido. Más tarde, una enfermera del hospital de Siloé la llamó y le confirmó que su hija estaba viva.
Para ambas comenzó entonces otra etapa: enfrentar las consecuencias de lo ocurrido y tratar de reconstruir una vida que, para Sofía, hoy se sostiene en una idea sencilla pero profunda: seguir adelante, un día a la vez.