Equipos internacionales comienzan a retirarse en medio de la reducción de probabilidades de hallar sobrevivientes.
Noticia Internacional.
A siete días del devastador doble sismo que sacudió a Venezuela, el país continúa inmerso en una intensa operación de rescate marcada por la urgencia y la incertidumbre. De acuerdo con cifras oficiales, la tragedia deja cerca de 2.000 personas fallecidas y más de 10.500 heridas, mientras que el número de desaparecidos aún no ha sido actualizado, lo que aumenta la preocupación entre familiares y autoridades.
Los terremotos, de magnitudes 7,2 y 7,5, han provocado graves daños estructurales, especialmente en el estado de La Guaira, una de las zonas más afectadas. Allí, los equipos de emergencia enfrentan un escenario de colapso de viviendas, interrupción de servicios básicos y destrucción difícil de cuantificar. En total, se han reportado 855 edificaciones afectadas, de las cuales 189 colapsaron completamente.
Las labores de búsqueda avanzan a contrarreloj. Expertos señalan que después de las 72 horas las probabilidades de encontrar sobrevivientes disminuyen considerablemente; sin embargo, los rescatistas continúan trabajando incluso después de más de 160 horas desde el desastre. Hasta ahora, el Gobierno ha confirmado el rescate de 6.461 personas, una cifra que refleja la magnitud de los operativos desplegados.
La emergencia ha movilizado tanto a fuerzas nacionales como internacionales. En la zona trabajan más de 26.000 efectivos venezolanos, junto a 3.660 rescatistas extranjeros, apoyados por 148 perros especializados y decenas de vehículos de asistencia. Entre las ayudas más destacadas se encuentra el envío de un equipo desde España para instalar un hospital de campaña, destinado a atención médica, procedimientos quirúrgicos y apoyo psicológico.
Transición hacia la fase de recuperación
A pesar de estos esfuerzos, algunos equipos internacionales han comenzado a retirarse tras cumplir sus misiones, marcando el inicio de una transición hacia una fase centrada en la recuperación y asistencia humanitaria.
En paralelo, la ciudadanía ha jugado un papel fundamental. Miles de personas han organizado redes de apoyo, centros de acopio y plataformas digitales para ubicar desaparecidos. Una de estas iniciativas registra más de 40.000 personas sin contacto con sus familiares, evidenciando el nivel de desinformación y angustia que persiste.
Desde el ámbito político, se han impulsado acciones complementarias. Sectores de oposición promueven herramientas digitales para la búsqueda de desaparecidos, mientras que el Gobierno ha difundido mecanismos de cooperación internacional, incluyendo un fondo de reconstrucción con apoyo de organismos multilaterales.
El impacto económico también comienza a dimensionarse. Según una evaluación preliminar del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), las pérdidas ascienden a 6.700 millones de dólares, afectando viviendas, comercios e infraestructura clave. En total, más de 80.000 familias han sido atendidas en medio de la emergencia.
Con el paso de los días, el país enfrenta un doble desafío: mantener la respuesta humanitaria inmediata y avanzar hacia un proceso de reconstrucción que requerirá recursos, coordinación y apoyo internacional sostenido. Mientras tanto, en las zonas más afectadas, la búsqueda no se detiene y cada hora sigue siendo decisiva para quienes aún esperan noticias de sus seres queridos.